Cuando el futuro se vuelve frágil
Por: Johan Steed Ortiz Fernández
La idea es no olvidar. Amanecimos con una noticia que no debería existir en Neiva: Ismael Rodríguez, un niño de 11 años que yo conocía muy bien por ser amigo de la familia, murió tras un atentado en la vía Neiva–Rivera. Iba en un carro junto a su papá, Édgar Rodríguez, recién nombrado director del centro penitenciario, y el subdirector Renato Solano, cuando una moto los interceptó y se escucharon disparos. Ismael recibió el impacto más cruel. Murió en el Hospital Universitario Hernando Moncaleano, después de horas críticas.
Pero lo que más duele (y lo que más nos debería inquietar) no es solo el hecho, sino lo que revela: la fragilidad del futuro cuando el Estado llega tarde, cuando la prevención es un discurso y no una práctica, cuando la seguridad se administra como percepción y no como un deber básico. Nada recupera una vida, nada.
Porque aquí no estamos hablando de un “caso”. Estamos hablando de un espejo.
Un espejo que nos devuelve una pregunta incómoda: ¿en qué momento empezamos a aceptar que la vida en Neiva vale menos de lo que debería? Uno se acostumbra a lo impensable sin darse cuenta. Primero es una noticia lejana, luego “un hecho aislado”, después “un tema de orden público”, y cuando queremos reaccionar ya estamos viviendo en una Ciudad donde la gente sale con el instinto........
