¿Todos podemos perdonar?
El teniente (retirado) Andrés Rosero se derrumbó en llanto ante un abrazo de los familiares de Darío Giraldo asesinado en el año 2003 en Cocorná, Antioquia, en uno de los casos de falsos positivos que fue encontrado responsable; una escena que conmueve y lleva a una profunda reflexión sobre el poder del perdón y la reconciliación en tiempos de extrema polarización política.
La jurisdicción especial para La Paz (JEP) ha establecido que al menos 6.402 personas fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales (conocidas como «falsos positivos») entre los años 2002 y 2008; es decir, jóvenes, campesinos o trabajadores que no tenían nada que ver con el conflicto armado fueron dados de baja, vestidos como insurgentes y presentados para mostrar resultados de manera inhumana. Y aunque el debate frente a la JEP es que hace parte de la izquierda del país, la verdadera razón de su existencia debe ser la verdad, reparación y no repetición.
Pero no es tan fácil, muchas personas han perdido a seres amados a causa de grupos paramilitares, guerrilleros o el Estado, personas que nada tenían que ver con la guerra fueron afectadas; y entonces ¿con qué juicio moral cuestionar sus posturas cuando no hemos vivido una tragedia tan cercana? ¿Cuál es la mejor forma de reparación? ¿Cárcel, económica, social o todas? Y finalmente ¿todos podemos perdonar?
En semana santa se repite constantemente que debemos perdonar no solo siete veces, sino setenta veces siete (Mateo 18:21-22); como una decisión consiente y voluntaria de soltar el rencor, lo cual no implica que existan momentos de rabia o deseos de venganza que no son fáciles de olvidar. El problema ante la falta de perdón es una “atadura” que aprisiona el pasado y solo cuando se libera el odio se puede recuperar la paz interior.
Finalmente, son miles de colombianos que aún no pueden perdonar, y evitan liberar ese rencor por considerarlo justo, ya que arruinó sus vidas familiares. Y eso se traduce en votos, ya sea por la derecha para acabar la JEP o la izquierda para fortalecerla. Lo cierto es, que la procesión seguirá por dentro, y ojalá sea una semana llena de reflexión sobre el país que queremos.
