La guerra contra el hambre
El presidente de Brasil Lula Da Silva manifestó la inoperancia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para resolver los bombardeos en medio oriente, cuando deberíamos estar luchando contra una guerra superior, la guerra contra el hambre. Y aunque para muchos tener un plato de comida en sus mesas pasa desapercibido, en muchos hogares es un privilegio.
En Colombia para el año 2024, el 25.5% de los hogares (unos 14.4 millones de personas) se encontraban en situación moderada o grave de seguridad alimentaria. El pais tuvo una reducción de muertes por desnutrición en menores de cinco años que cayeron de 406 en 2022 a 150 reportadas hacia finales de 2025; mientras que en Neiva a la semana 9 de 2025, el 42% del total departamental (82 casos) correspondieron a la ciudad capital en casos de desnutrición, una dura realidad.
En lo personal creo que nadie debería dormir, trabajar, estudiar o vivir con hambre; aguantar hambre aumenta significativamente el riesgo de padecer hipertensión, enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2; La malnutrición vuelve a las personas más propensas a contraer enfermedades infecciosas y dificulta su recuperación; La caída de glucosa en sangre genera fatiga extrema, mareos, temblores, lentitud mental y riesgo de desmayos.
Por otro lado, incrementa los conflictos sociales, ya que afecta profundamente los estados emocionales, tanto así que incrementa la sensación de ira en un 34% y la irritabilidad en un 38%; baja la productividad laboral; entre otros graves factores derivados de ciclos de ansiedad, miedo y baja autoestima por la mala ingesta alimenticia. Así como una baja productividad laboral a falta de la energía suficiente para rendir.
Finalmente, la guerra contra el hambre se alimenta de la pobreza multidimensional, la falta de inversión pública en zonas vulnerables que solo visitan en campaña y una política alimentaria más sólida; a veces las guerras más estruendosas son las silenciosas, esas donde en vida muchos quisieran no estarlo.
