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Tres iraníes en Mairena

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18.03.2026

18 de marzo 2026 - 03:08

No quisiera uno imitar el clásico Me acuerdo de Georges Perec, pero me acuerdo de las guerras de cuando era niño y en la adolescencia primera. Me acuerdo de la guerra de las Malvinas. Me acuerdo del Beirut de la guerra civil. Me acuerdo de la guerra de Irán contra Irak. Me acuerdo del uniforme color “azul aviador” de mi tío José Mari.

Mi tío era médico traumatólogo y también militar del Ejército del Aire. Me acuerdo cómo nos explicaba con su acento de Logroño la guerra de las Malvinas por la tele (aquellos Harrier que despegaban en vertical y los pilotos argentinos de los que él alababa su pericia técnica). Debo a mi tío el hallazgo de la acrofobia en aquella piscina de la base aérea de Morón, a donde solía llevarme con mis primos en días festivos. En el viaje en coche escuchábamos casetes con música sinfónica y enlatada del cruel Luis Cobos. No fue el único tormento. En la gran piscina de la base había un alto trampolín que me hizo saber lo que es el miedo irracional y pavoroso a las alturas. Ahora que España ha negado para bien el uso de la base como apoyo a la guerra en Irán, me acuerdo del trampolín. La base americana de Morón sigo asociándola a la logística del miedo y al maldito trampolín.

Hoy como ayer en Oriente Medio, me acuerdo a parches coloreados de aquella guerra ochentera entre Irán e Irak. Me acuerdo de las trincheras excavadas sobre secarrales y montículos. Me acuerdo de los soldados de uno y otro bando haciendo la uve de la victoria, algunos embozados con máscaras antigás. Me acuerdo de la nariz pocha del Sha Reza Pahlevi y de Jomeini antes de esa guerra. De niño yo no sabía el pormenor de ningún conflicto. Pero la infancia era un trocito de Telediario y uno veía como cromos las guerras ajenas que llegaron para quedarse en la asombrosa retina del recuerdo.

La actual guerra en Irán me hace viajar a aquella otra balacera de los 80 entre iraníes e iraquíes. Mi vecino amigo y yo jugábamos en casa a tendernos en el suelo y a disparar como hacían aquellos árabes y persas bigotudos y barbados, enfrentados a cara de perro sobre parameras con trincheras, entre carros blindados polvorientos o desmochados y cilindros de humo negro de fondo. Leo ahora que en el padrón municipal de 2022 (el único que da datos) había en Sevilla 63 iraníes (30 mujeres y 33 hombres). En Mairena del Aljarafe vivían tres varones. Me pregunto qué habrá sido de los tres de Mairena.

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