"Desafortunadamente, ni mi compañero ni yo hemos sido misses de nuestras respectivas comunidades autónomas. No sé él, pero yo no lo he intentado"
No descarto en un futuro prepararme unas oposiciones a bibliotecario. Un sueldo decente, un buen horario y todo el día sentado. Y leyendo”. Me lo dijo un amigo por WhatsApp harto de lo suyo, que es lo mío, y yo suscribí su comentario con el emoji del pulgar hacia arriba. Hay que ahorrar palabras, que vivimos de eso. Lo malo es que, para alcanzar el Shangri-La de una existencia contemplativa y lectora, has de estudiar y aprobar una oposición, como señalaba mi colega. Lo bueno es que también puedes llegar siendo ex miss Asturias. Desafortunadamente, ni mi compañero ni yo hemos sido misses de nuestras respectivas comunidades autónomas. No sé él, pero yo no lo he intentado. Podría haberlo hecho, que para lanzar mensajes por la paz mundial y decir que Confucio fue el que inventó la confusión, como aseguró Miss Panamá, estoy sobradamente capacitada. Para desfilar en bañador, no, la verdad.
Mucho pilates y mucha gimnasia de fuerza, pero mis carnes siguen siendo un flan tembloroso. A raíz de obtener la corona, ya solo hace falta que conozcas a un ministro de buen corazón que te proporcione ese retiro dorado. Con eso y un bizcocho, hasta mañana a las ocho, que aparecerás en una mesa sin ordenador mirando hacia una pared vacía, que es como asomarte al abismo. Pero a ti, lectora ávida, eso te dará la oportunidad de meterte en la biblioteca a leer libros sobre trenes en horario laboral, y tanta lectura será recompensada con un aumento de sueldo. Un plan sin fisuras. Como deseaba Pío García en este mismo espacio, el ejemplo ha cundido: me voy a presentar a Miss La Manga Madura, que hay allí una biblioteca a la que tienen que ir cero personas en verano y cuatro en invierno. Y entre dos mares.
