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"El director humaniza a los jóvenes rusos, machacados por la historia de la Madre Rusia, cuyos hijos de la chingada más notables han dirigido el país"

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22.03.2026

Hollywood estaba en deuda con John Wayne desde que filmó “La diligencia” en 1939. Después de una filmografía mítica, a la orden de John Ford y otros grandes directores, no había recibido ningún Oscar. Ya viejo, enfermo de cáncer, con una barriga cuyo abultamiento disimuló ciñéndose una faja, filmó “Valor de Ley”, el último gran clásico del wéstern (1969), dirigido por Henry Hathaway. Sus palabras de agradecimiento fueron: “Si llego a saber que por ponerme un parche en un ojo me darían un Oscar, lo hubiese hecho antes. Gracias.” 

Los geniales hermanos Cohen filmaron su propia versión en 2010, con un Jeff Bridges monumental en el papel de cazarrecompensas. Los caminos al reconocimiento son extraños. No me atrae la ceremonia de los Oscar, ni los Goya, nuestra versión autocomplaciente, paleta y subtitulada. Pero casi siempre hay un reducto por donde se cuela la calidad. El Oscar al mejor documental se lo ha llevado “Mr. Nobody contra Putin”, codirigido por David Borenstein y el joven ruso Pavel Talankin. Cuenta la historia, narrada en primera persona, del responsable de coordinar eventos en un colegio ruso de un pueblo perdido en los Urales. Filma actividades, fiestas, graduaciones… Es un hombre querido. 

A partir de la invasión de Ucrania, la política educativa de Putin transforma los colegios en cuarteles. Los alumnos deben desfilar, cantar a la bandera, prepararse para ir al frente. El coordinador, un demócrata convencido, debe filmarlo todo. Los graduados regresan del frente en ataúdes que son enterrados a escondidas. El documentalista es vigilado por sus convicciones demócratas. 

Ahora el profesor “más querido” es un admirador de Lavrenti Beria, el que fuera aterrador jefe del NKVD bajo las órdenes de Stalin. La formación del espíritu nacional y el ardor guerrero convierten el colegio en un centro de adiestramiento. No destriparé el final. El director humaniza a los jóvenes rusos, machacados por la historia de la Madre Rusia, cuyos hijos de la chingada más notables han dirigido el país, desde Iván el Terrible a Putin. Una batalla tras otra, sí, pero esta de verdad.


© Diario de Navarra