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"En Echavacoiz Norte, el Ayuntamiento ha delegado sus competencias en la lluvia"

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02.03.2026

En Echavacoiz Norte, el Ayuntamiento ha delegado sus competencias en la lluvia. Si la mediana de la Avenida de Pamplona exhibe hoy un verde lustroso es por una terca insistencia del cielo y no por el celo de un servicio de jardinería que aquí no se ve, ni se le espera. Es el urbanismo por omisión. Si el viento tumba un árbol, o si un camión lo arranca -como ocurrió con esos ejemplares que se plantaron en origen-, el vacío se vuelve definitivo. Nadie repone. Nadie planta. Nadie riega. El barrio es una herida abierta que la administración ha decidido dejar cicatrizar sola, a la intemperie. El vecindario ha aprendido a sobrevivir como un satélite sin planeta. Para el médico o la música, esta luna que es Echavacoiz Norte debe mirar hacia Barañáin; para la biblioteca, el exilio empuja a Mendebaldea o Echavacoiz Sur. Los vecinos habitan un limbo donde el impuesto es de primera y la atención es un fantasma. Pero, de pronto, alguien ha escrutado un mapa en la distancia aséptica de un despacho y ha “descubierto” un hueco en Remiro de Goñi. Allí, donde el plano decía paseo y respiro, han decidido encajar cien viviendas. 

Es el “Eureka” del político: una visión que solo detecta parcelas donde otros vemos vida. La asimetría es feroz. Si un ciudadano compra una casa, la Administración le impone un contrato de hierro. No puede mover un tabique, ni ampliar una terraza, ni desafiar la geometría original sin pedir permiso y pagar la tasa. Se le exige una fidelidad mística al plano. Sin embargo, el Ayuntamiento se siente libre de romper su parte del trato de forma unilateral. El vecino compró un paisaje -un parque, una zona verde- y ahora descubre que el compromiso era de acero para él y de humo para la institución. Antes del hormigón, convendría mirar el suelo que ya pisan: los porches ácidos, el barrizal del pipicán, la mediana que crece por generación espontánea, el bolseo de muebles, pero el poder solo ve la rentabilidad del hueco. Al final, queda la certeza de que para la Administración no somos sujetos de derecho, sino el obstáculo molesto que separa un solar de su próxima licencia de obra. No se trata de rellenar mapas. Se trata de respetar a quienes mantienen en pie la ciudad que hoy, sencillamente, les da la espalda.


© Diario de Navarra