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"En sus primeros años de vida, el Guernica de Picasso fue el equivalente pictórico del baúl de la Piquer"

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En sus primeros años de vida, el Guernica de Picasso fue el equivalente pictórico del baúl de la Piquer. Traído y llevado por exposiciones de medio mundo, predicó urbi et orbi su lamento antibelicista y prorrepublicano para recalar finalmente en el MoMA de Nueva York, de cuyas salas no saldría hasta el traslado definitivo a España en 1981. Desde entonces, tras una estancia provisional en el Casón del Buen Retiro madrileño, reposa colmado de atenciones en el Museo Reina Sofía, donde funge de pieza emblemática y reclamo principal. En este accidentado recorrido nunca han cesado las reclamaciones del nacionalismo vasco que, en distintos grados de apremio, pide el lienzo para Euskadi al amparo de un título sobreinterpretado. Es más que sabido que, por su génesis y por su contenido (y también por la intención del autor), el Guernica (cuadro) desborda los contornos de Gernika (villa), por más que la coincidencia onomástica pueda hacer pensar lo contrario. Pero cada cierto tiempo la petición vuelve, como un ritornello reivindicativo. 

Quizá sea con la esperanza de que un buen día, en un golpe de fortuna, la necesidad de votos facilite un traspaso que hoy por hoy se antoja imposible. Al fin y al cabo, así cayó el palacete parisino de la avenida Marceau. Ahora el PNV quiere conmemorar el 90 aniversario del bombardeo de Gernika llevando la obra de Picasso al Guggenheim bilbaíno. El estado de conservación del Guernica es delicado. El interesado en conocerlo de primera mano puede asomarse a la magnífica web del MRS y comprobar al detalle el sinnúmero de dolencias que padece el cuadro y que los exquisitos cuidados que se le aplican no han logrado remediar. Los informes técnicos hablan con lenguaje forense de deformaciones, craquelados, grietas, desgarros, microfisuras y otros daños acumulados ante los cuales se desvanece cualquier tentación de desplazamiento, ni siquiera temporal. Antes que símbolo histórico dado a tantas lecturas y apropiaciones, el Guernica es un bien mueble de alto valor cultural. Su integridad material está por encima de controversias, y más cuando estas no ofrecen mejores argumentos que el capricho político o el insulto oportunista. No cabría mejor prueba de sensibilidad estética y de respeto a la memoria que dejarlo en paz. 


© Diario de Navarra