Entre la tristeza y el desconcierto, la esperanza
Opinión | En aquel tiempo
Entre la tristeza y el desconcierto, la esperanza
El periodista Fernando Ónega. Imagen de archivo. / Archivo
Reviso las noticias acumuladas desde hace quince días, y me siento desconcertado por esta nueva guerra del mandamás norteamericano, pero también entristecido por la muerte de un periodista admirable, nada menos que Fernando Ónega. Sin olvidar las declaraciones de Gisèle Pelicot, que se resumen en esta frase acerada y absolutamente valiente: «Quiero ver al señor Pelicot y preguntarle por qué me ha hecho esto». Esta señora merece un homenaje público en cualquier lugar del planeta donde se produzcan reivindicaciones feministas. O, sin más, en torno a los derechos humanos. Vaya que sí.
Todos sin excepción tenemos un problemón con la conciencia del presidente Trump, si es que tiene conciencia. Esta actitud de intervenir cada vez que él solito lo juzga conveniente en el tablero mundial, plantea un interrogante capaz de quitarnos el sueño: ¿Será posible que no exista alguna institución de nuestro mundo capaz de controlar prácticamente las veleidades de este personaje? Y la tremenda respuesta es que seguramente no la hay… salvo que China y Rusia intervinieran en este feísimo asunto. Pero entonces, estaríamos al borde de un conflicto más cruel y más extenso. Casi nada. Y esta situación me produce una tristeza insuperable. Porque después de tantos esfuerzos desde 1945, dominados por el pánico, ahora resulta que un solo individuo hace y deshace sin control alguno. Parece mentira pero es verdad. La gente muere aquí y allá sin que tengamos........
