Abril, 2026
Ciudadanos de Baleares, en el centro de Palma / B. Ramon
Vivimos en una época compleja, no solo en Balears, en el área económica, social y política. El crecimiento económico es condición sine qua non para que pueda darse un bienestar equilibrado de la ciudadanía, pero no es condición suficiente.
La economía, especialmente la macro, no es neutra. Todos nos mostramos satisfechos por nuestros índices de mejora en la creación de empleo, pero a su vez manifestamos inquietud e insatisfacción por su baja calidad y su temporalidad. Pero centrarse únicamente en lo económico implica ignorar la importancia del Progreso Social. Léase imputs relacionados con los salarios, la formación, el acceso a la vivienda, el nivel de seguridad, perspectivas de futuro, la sostenibilidad, el acceso en igualdad de oportunidades a los servicios públicos básicos.
Todos nos alegramos del crecimiento sostenido de nuestro PIB, pero a su vez constatamos una creciente desigualdad de oportunidades en el acceso a los bienes y recursos, así como en las posibilidades reales de poder desarrollar nuestras expectativas personales y vitales.
Las y los humanoides de hoy, a pesar de nuestros avances tecnológicos, seguimos necesitando mitos y ritos. En la inauguración de cada año nuevo, uno sí y otro también, celebramos con algarabía (incluida la etílica) el fin de un año y el comienzo de otro. Y estuvimos celebrando sin caer en la cuenta de que el día primero de enero no es más que el día siguiente del 31 de diciembre (¡perdonen mi vulgaridad!). Incluso nos permitimos el lujo de desbordar nuestro optimismo llegando a creer que con el cambio de año son posibles los milagros: Al escribir (y leer estas líneas) en casi pleno mes de abril del 2026, ¿«seguimos necesitando mitos y ritos»?
¿Es pedir lo imposible que los políticos, las personas que dedican parte de su tiempo a la gestión pública la orienten en función de los intereses generales? Es indudable que no se puede poner a todos los políticos en un mismo saco, pero hay evidencias claras de que «algunos» utilizan sus cargos en función de sus intereses personales. ¿Cómo es posible que no dimita (o no se cese) ni el apuntador, cuando hay indicios claros de «preaviso»? ¿Vamos a permitir que nos sigan considerando a los ciudadanos y ciudadanas como tontos útiles? Los habitantes de estas benditas islas tenemos el derecho a creer en el milagro de que caerá todo el peso de la ley sobre los corruptos, y de que cada responsable político aguantará su vela.
El acceso a la vivienda. ¿Será posible que los jóvenes (y no tan jóvenes) puedan practicar su derecho constitucional de acceso a una vivienda digna en régimen de propiedad y/o alquiler? ¿Deberemos resignarnos a que nuestros jóvenes deban dedicar gran parte de su salario, en caso de tener trabajo, a la hipoteca o al alquiler? ¿Será posible que de una vez por todas se redacte una ley del suelo que, sin negar la propiedad privada, regule un uso social del territorio donde la especulación urbanística e inmobiliaria no sea la única ley?
La apuesta social por el capital humano. ¿Será posible que comprendamos que la mejor apuesta para nuestros hijos y para el conjunto de nuestra sociedad es el acceso a una formación personal y profesional de calidad? ¿Será posible superar nuestras insoportables cifras de fracaso y abandono escolar? ¿Será posible que mejoren nuestros escasos índices de jóvenes con formación universitaria?
Abordar de manera seria, no sólo con palabrería, la asignatura pendiente de desestacionalizar nuestra principal actividad económica, el turismo. Es absurdo e irracional que nos visiten doce millones de personas prácticamente concentrados en tres meses. Dicha estacionalización implica, entre otras consecuencias, un trabajo temporal y precario que impide cualquier atisbo de empleo de calidad. No en vano, las diez profesiones más demandadas no requieren ninguna especialización.
A modo de conclusión, son urgentes los cuatro objetivos propuestos en estas líneas. Especialmente el Crecimiento Económico es necesario que repercuta de manera constructiva; en el Bienestar personal, familiar. Sin embargo, centrar el progreso únicamente en lo económico implica ignorar la importancia del enfoque que incluye y pone en el centro al Progreso Social.
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