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Cartas | A Francisco Prada Barazarte

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12.07.2025

Juancho José Barreto González

proyectoclaselibre@gmail.com

Esperan en el patio trasero de la casa después de lograr hacer un té de hojas de mandarina. Los dueños de la casa iban a enviar las llaves, nunca llegó el mensajero. Desde fuera, en esta posición, la casa se veía oscura. Le caía la noche en el tejado mientras el cielo iluminado mostraba las estrellas. “Aquella azuleada, la que tintinea, nos lleva hacia el sur. Podemos bajar por los caminos de agua, por los verdes o por los caminos de asfalto y tierra”. Entonces tomó una rama seca y la convirtió en puntero, en tiza cósmica. Esta otra, arriba de la osa polar, nos conduce al laberinto. Allí se apaga lentamente y comienza a morirse la luz de los amaneceres. Es un oxímoron, la luz de lo oscuro, pienso. “Nuestro pensamiento pudiera atravesar las mas gruesas de nuestras soledades, pero en su centro gravitatorio se mueven los “ases luminosos””.

A estas alturas del cuento, o del relato diría Jan, decido darle vueltas al oxímoron........

© Diario de Los Andes