Mors mecum...
Creado: 16.02.2026 | 06:00
Actualizado: 16.02.2026 | 06:00
Avenida Mariano Andrés
Me sobresaltó una pintada en el escaparate cegado de un establecimiento difunto en la avenida Mariano Andrés (esa calle, como tantas aquí, está llena de ellos), un texto breve trazado con rotulador gordo sobre cristal que me devuelve al bachiller de frailes y latines. Mors mecum vivit decía, la Muerte vive conmigo. No por simple la sentencia deja de ser necesario recordarla como aquella otra que tanto nos repetía el padre Morán: Memento mori, recuerda que has de morir, cosa que oída en la adolescencia casi invitaba a sonrisa o a choteo. Y aquel bendito fraile insistía: Claude os, áperi óculos... cierra los oídos, abre los ojos, como diciendo no me hagáis caso a mí, ya lo veréis. Y lo estamos viendo: un morir a diestro, siniestro, arriba y abajo... en el cielo de los valores y en el suelo de las costumbres, en el Oriente colvulso y en el Occidente hecho selva de ladridos trumpistas frente el auuuh a la luna del lobo solitario. Muere la ley internacional y la soberanía nacional, muere el empleo, el mañana incierto, el valor de un paisaje, la voz del pueblo, el derecho a vivir en una casa, la inteligencia natural a manos de la artificial, la vida del débil, el hacer corro de iguales, el discurso ben temperato, el cerebro de los niños, las auroras sin noticias, el respeto al diferente, el cuento de la fraternité (la egalité y la liberté ya estaban difuntas), los ríos limpios, el aire puro, las montañas no violadas, los mares emponzoñados, mil especies conocidas y otras mil por conocer... pero viven mejor que nunca los de siempre y sus amigos sin pensar en su muerte, sólo en la de otros... y vive el oro, que es el dios que nunca muere; y si muere, resucita... en el bolsillo de los mismos. Sin embargo, no pensar en la muerte es lo único que nos ayuda a vivir («No pudiendo el hombre remediar la muerte, la pobreza y la ignorancia, se imaginó ser feliz no pensando en ellas», dijo Pascal), aunque sí sabrás cuándo será el Día del Fin de Mundo, justo el día en que tú mueras, averiguando además que es gran mentira que la muerte nos iguale a todos; morir solos o como perros lo tienen escrito muchos. Otra cosa es el olvido... ahí sí, iguales casi todos.
