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A matar judíos

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01.04.2026

Creado: 01.04.2026 | 06:00

Actualizado: 01.04.2026 | 06:00

No es nada fácil desarraigar la jaculatoria tan leonesa «matar judíos» con cada limonada que riegue el gañote por más que se subleve el embajador israelí afeando y doliéndose por tal barbaridad. La verdad es que extraña que, por lo mismo no digamos (es cobardía y canguelo) «matar moros» cada vez que zampamos un torrezno de jalufo o «matar calós» siempre que venga de postre un brazo de gitano. Así que aún hoy, y algo vestidos de iraníes, se vencen pudores o cívicas vergüenzas y con renovado ahínco se vuelve a espolear a la peña con el ¡vamos a matar judíos!

La verdad es que nadie, ni cronista o historiador, sabe decir a ciencia cierta de dónde viene el tradicional exabrupto sólo ligado a la limonada de los días penitenciales, limonada que fue en principio vino rebajado con agua, azúcar y limón para que no fuera tan peleón como era norma alentando broncas... y al exigirlo así aquellas Semanasantas de riguroso ayuno, abstinencia y vino flojo. Viendo campo libre, ensayé teoría hace años; lo pedía la lógica y nidiós me la desmonta. Véase: hasta el siglo XVI la comunidad judía leonesa es numerosa (con grandes personajes como Moisés de León) y poderosa, con una élite próspera y sinagogas en el mismo corazón de la ciudad y todo un pueblo artesano o de jornal en Puente Castro, y con mando en tribunales de justicia en igual número que los cristianos, algo que da una idea de su poder económico e influencia civil. Tras ser expulsados por los Reyes Católicos, no todos se van; mucho negociante e industrial se queda como converso o «marrano» aun sufriendo acosos, expolios e Inquisición... y despertando gran envidia y odio en el tenderón cristianote y el cazurro codicioso o meapilas, que al salir de los oficios el día gordo de la Pasión tras comulgar con prédica inflamada y el cuartillo de vino y bolla que por ordenanzas se daba a cada cofrade, se encendían con soflamas pidiendo linchamiento yéndose en bulla a hostigar y apedrear negocios o gentes judías, lo común en media España. Y alguno matarían en barahúnda pendenciera. Después se volvía a casa bien mamaos y celebrándolo. No me cabe duda alguna. Así hubo de ser.


© Diario de León