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Ya lo dijo Siniestro Total

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04.03.2026

Creado: 04.03.2026 | 06:05

Actualizado: 04.03.2026 | 06:05

En una competición de libertad, en los 80 íbamos siete siglos por delante; ya veremos dónde quedan los contenidos de la discografía como el imperio yanki no remate la operación en la antigua Persia. Ni así habrá discográfica (¿existen aún las discográficas?) que se atreva a remasterizar Ayatollah, ayatollah, patente del rompe y rasga, reminiscencias de aquel salto de década que llenó los telediarios de Jomenei y las revistas del corazón de la mujer y los hijos de Pahlevi, el sha, el primer matarile que nos dio el cambiazo con la revolución. A ver quién tararea hoy no me toques la pirola más, sólo vine a comprar pan, mientras te devora la cola del surtidor del low cost que ha hecho saltar la banca de la recaudación socialista que se lleva el bocado más gordo de cada litro que pasa por Ormuz. Por eso Siniestro será para siempre el segundo grupo, el segundo equipo para aliviar la crisis de la barra brava, la camiseta a la que recurrir cuando te pintan la cara y el niki blanco; el que subyace ahí, bajo la alfombra del hígado cuando el corazón y la lírica de Sabina y Extremo no alcanzan para sofocar todos los frentes de la rebelión. Siniestro Total presta hasta el nombre como resumen para una vida, un titular a cuerpo ochenta, genios idolatrados por Miña Terra de la que sacaron petróleo del subsuelo de los sonidos del silencio de Simon y Garfunkel; en los 80 también se era libre para decidir las emociones; lo mismo con la música de los tugurios que en la misa, entre el padre nuestro al compás de Sweet Home Alabama o el ofertorio a punto de romper la pana con los Beatles y su sentido Let it be. Ayatollah fue un preludio y Siniestro, unos adelantados por predecir con exactitud cuarenta y tantos antes lo que ahora no se puede mencionar ni en las comisiones del Senado donde hace esparavanes ZP. Ayatollah fue una premonición, un himno aparcado mientras subía el IVA entretenidos con la arquitectura del pacto verde, la caída y rehabilitación del muro, el nunca más volveremos a pasar hambre y el desenclavo de la inflación. Hasta que los boomers despertaron el día del Ángel de la Guarda del sueño en medio la pesadilla del estribillo de los ayatolas.


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