La guerra de los pederastas
Creado: 19.03.2026 | 06:00
Actualizado: 19.03.2026 | 06:00
El temario de las oposiciones de Geografía e Historia incluye un tema de geopolítica. Cuando lo leí, llamé a mi preparador porque no estaba de acuerdo con su enfoque del terrorismo islámico. Su respuesta fue enviármelo en un documento de texto para que lo reescribiera a mi gusto. No me parecía correcto atribuir a Irán el origen y el sostén de grupos como Al Qaeda o el Daesh, simplemente porque es mentira. Una mentira que, por mucho que la repitan los medios occidentales, no se convierte en verdad.
El texto que redacté dice así: «Como señala el historiador Sami Moubayed, los yihadistas contemporáneos son el resultado intelectual de una escuela de pensamiento fundada en el desierto de Arabia en 1744». Se refiere a la doctrina formulada por Abd Al Wahhab, conocida como wahabismo o salafismo, y se caracteriza por propugnar una interpretación extremadamente rigorista del islam. Su auge se debe a su pronta relación con la casa Al Saud y al apoyo mutuo que se prestaron, hasta el punto de que las dos familias aún hoy reparten el poder político y el religioso en el reino de los Saud. Añade que «sin el wahabismo no existirían Arabia Saudita ni el Estado Islámico... ni se hablaría de Al Qaeda ni del ISIS. Arabia Saudita, rica en petróleo, lleva años vendiendo su propia versión del islam».» Hubo quien me dijo que, en una oposición, no era conveniente salirse de las convenciones establecidas, pero yo pensé que, después de todo, el tribunal estaría formado por personas que sabrían distinguir chiíes de suníes; así como que son Arabia Saudita y Qatar, a través de la financiación de la construcción de mezquitas en Occidente, los principales propagadores del integrismo religioso. La cuestión es que ambos reinos son aliados de Estados Unidos, con los que mantienen un acuerdo para vender su petróleo en dólares, mientras que Irán es la bestia negra de los americanos desde que expulsaron al Sha en 1979. Cabe recordar que, en 1953, ingleses y americanos ya propiciaron un golpe de Estado en Irán contra el primer ministro, Mohammad Mosaddeq, quien se había atrevido a nacionalizar el petróleo. Durante los últimos años Irán viene siendo también la bestia negra del Estado de Israel, pues es uno de los pocos países que se atreve a desafiarlo y apoyar a los palestinos, bien sea directamente o a través de sus
proxies como Hezbolá o Ansarolá. Una vez instalado en Siria un gobierno títere de Israel (no olvidemos que Al Qaeda la fundó Reagan para luchar contra los soviéticos en Afganistán, ni que el Estado Islámico fue creado por Obama para desestabilizar Siria e Irak), solo Irán constituye un obstáculo para la creación del Gran Israel, por eso había que destruirlo. Como dijo el ex-congresista Ron Paul, la democracia americana fue secuestrada el día que mataron a Kennedy, quien recelaba de cómo el poderoso lobby judío controlaba a los políticos estadounidenses. Los archivos de Epstein vinieron a confirmar esos temores. Las voluntades de las élites americanas están secuestradas por Israel, incluida la de Donald Trump, hasta el punto de forzarlo a ir a la guerra rompiendo sus promesas electorales. Si lo que hemos visto en los archivos filtrados ya es demasiado turbio, ¿cómo será lo que queda por salir? El caso es que el mesianismo megalómano de Netanyahu y sus aspiraciones de levantar el tercer Templo y construir el Gran Israel han arrastrado a los americanos a una guerra contra Irán, el único país que puede impedir que tal proyecto se lleve a cabo. Hay quien llama a esta forzada
entente «coalición Epstein», una coalición en la que, a la vista de cómo se está desarrollando la guerra, cada vez menos países quieren entrar. Nos falta un nombre para este conflicto, que bien podría ser el de «guerra de los pederastas».
