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Impunidad

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04.03.2026

Creado: 04.03.2026 | 06:00

Actualizado: 04.03.2026 | 06:00

Con la reciente filtración parcial de los archivos de Epstein, los más conspiranoicos pudimos comprobar cómo hasta las más extravagantes de nuestras suposiciones se veían, no solo confirmadas, sino ampliamente superadas.

Hay quien dice que lo que pretendía el responsable de la filtración era intentar detener la guerra contra Irán, pues aparece probado que Jeffrey Epstein era un agente al servicio de Israel, financiado por la familia creadora de ese Estado, los Rothschild, que se dedicó a aprovecharse de las más bajas pasiones de los miembros de la élite mundial, especialmente estadounidense, para poder extorsionarlos en favor del Estado judío. Parece que esta filtración no va a ser suficiente para detener esa guerra a la que Israel está arrastrando a Estados Unidos, pero sí que nos permite saber en manos de qué clase de gente estamos. Los principales dirigentes políticos y empresariales de Occidente pasaron por la tristemente famosa isla y sus actos indignos quedaron ampliamente registrados y listos para ser usados como arma de extorsión cuando fuese necesario. Así, por ejemplo, sabemos que en los célebres papeles figura José María Aznar, lo que lleva a muchos a sospechar que nuestra implicación en la guerra de Irak bien pudo ser fruto de uno de esos chantajes. La extorsión con fines políticos, así como la pedofilia y la depravación de las élites era algo que ya sospechábamos, pero los asesinatos rituales de niños y el canibalismo son cosas que, aún ahora, y con todas las pruebas disponibles, nos resistimos a creer. Ricky Gervais ya lo advirtió en la presentación de los Globos de Oro de 2020, pero los medios lo tomaron a broma. También fue censurada y boicoteada por las grandes distribuidoras la película

Sound of freedom, protagonizada por Jim Caviezel, que denuncia las mafias de tráfico de niños. Tampoco hicimos caso del contenido del portátil perdido de Hunter Biden, lleno de pedofilia, droga y negocios sucios, achacando el caso a una supuesta conspiración rusa, que es el argumento de moda en Occidente. Incluso en el caso de Epstein, Benjamin Netanyahu llegó a sugerir que era un agente ruso; cosa que, en esta ocasión, ya nadie creyó. Más bien, en este caso, vamos a tener que darle la razón a Putin cuando decía que «Después del colapso de la Unión Soviética, nos pareció que nos convertiríamos rápidamente en miembros de la llamada familia civilizada de naciones europeas. Hoy resulta que allí no hay civilización, sino una completa degeneración». Parece que rusas sí eran las prostitutas que presuntamente le contagiaron unas purgaciones a Bill Gates, quien las transmitió a Melinda. Si creemos a los archivos cuando nos dicen que trató de medicarla sin su consentimiento para que no se enterase, también podemos creer las denuncias de algunos países africanos sobre el componente esterilizante de las vacunas de su fundación, máxime cuando sus padres trabajaban para Planned Parenthood. Sabemos ya muchas cosas y otras permanecen aún ocultas. Buena prueba de que debe ser peligroso tratar de llegar a ellas es que Marjorie Taylor-Greene renunció como miembro de la Cámara de Representantes, y que su compañero, Thomas Massie, que tomó el relevo en las pesquisas, advirtió en sus redes que él no era un suicida. Con todo lo que ha salido a la luz, mucha gente debería estar siendo investigada, detenida o en la cárcel y, de momento, solo lo estuvo, unas horas, Andrés de Inglaterra. La también representante, Nancy Mae, afirma que vio la lista completa y «que se trata del mayor encubrimiento de la historia para proteger a ricos y poderosos». La fiscal general, Pam Bondi, se niega a dar a conocer la lista completa, argumentando que todo el sistema podría venirse abajo; pero, como decía Marco Aurelio, «si es la verdad la que los mata, ¡que mueran!».


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