De Caín, Cainejo
Creado: 13.04.2026 | 06:00
Actualizado: 13.04.2026 | 06:00
Maldita gracia tuvo quien bautizó a ese pueblo Caín. Ni a mala hostia. Creo saber quién fue, el cuándo y su por qué, pero ya lo cuento otro día, pues hoy quien viene al caso es «el Cainejo», Gregorio Pérez Demaría, del que ha escrito un libro que es todo un mapa de emociones, peñas y gentes Isidoro Rodríguez Cubillas, Dorín para los suyos y en nuestro afecto. El objeto de sus 170 páginas es brindar la información de mano —mucha mano la suya y aún más de pie en bota alpina— con el realismo novelado de la gesta de este tipo humilde nacido en Caín de Arriba en 1853 con trazas de rebeco loco («el Atrevido» le llamaban) y treparriscos contumaz, el que tiró de la cuerda y del marqués de Villaviciosa para conquistar juntos el Picu Urriellu, el Picu, el Naranjo de Bulnes, el inabordable y gigantesco menhir imposible de escalar y virgen de suela humana hasta aquel memorable día, un 5 de agosto fue, viernes era, 1904 corría... y allí plantaron tres torrecillas de piedra suelta para que se vieran de lejos y nadie dudara de su solitaria hazaña porque ellos dos, totalmente solos, colmaron la osadía. Con gran detalle se cuenta ahí fijando el nombre antiguo de cada peña, collado, paso y retuerto al ser abrupto territorio de fragor montañés todo ese macizo asturcazurro de Picos de Europa que conoce como la palma de su mano, al igual que redibuja al milímetro ese Naranjo que ha escalado tantas veces en diferentes vías describiéndolo con ojo de topógrafo. Y así puede colocar al Cainejo reviviendo cada paso que dio sin haber crónica que entonces lo contara, pero imaginándoselos a ciencia cierta. Sólo Isidoro, que los ha dado todos, podría describirlos para que su libro alcance un mérito periodístico que amplía, y de qué modo, el lacónico relato conocido de la brava gesta... y al personaje, el Cainejo, que amén de cincuentón, prefirió subir descalzo hasta la cumbre inaugurando una modalidad de escalada para la que hoy se requiere un «pie de gato», que en su caso le sobraba al ser su pie calloso y pura pezuña de cabra con dedos como garras para trepar en lisuras. Y así lo verá quien escale las páginas de «Cainejo», que así se titula el libro.
