Urraca, también de Grajal de Campos, y de...
Creado: 10.04.2026 | 06:00
Actualizado: 10.04.2026 | 06:00
Ttras leer aquí, 11-03-2026, la Tribuna La birregionalidad de la comunidad de Castilla Y León, de José Manuel Martínez Fernandez, y me ha brotado en el interior como un agradable regazo emocional que sólo algunas veces se nota cuando el fondo de uno mismo encuentra el acomodo de muchas sintonías en concordancia. No necesito decir que le felicito, y mucho, porque es justo y es obligado.
Tengo la certeza de que es igual de leonés que yo mismo, porque de sus palabras deduzco un «conocimiento» territorial que palpamos emocional y espiritualmente los que sentimos el territorio entero aunque vivamos en sitios distintos o nos dediquemos a afanes diferentes, pero unidos con el lazo de la leonesidad del territorio. Sospecho que es un leonés de la hermana Zamora, lugar desde donde tantas veces muchos de sus hijos han demostrado ser más leoneses que los que así se dicen en la provincia cuyo nombre hacen pequeño. Por cierto, como el nominal «León» es un error triple, yo propondría llamar Lancia (qué bonito) a la ciudad de León, Astura Sur a la provincia actual de León, y dejar León como apelación regional. Digo esto porque ese error triple nos ha traído hasta la provincina como expresión mínima y aspiración autonómica ridícula e impropia de algunos. Esos que se lo tienen que hacer mirar si se atreven a dedicarse bien a la representación y gobierno de personas, cosa no baladí, ni para oportunistas o acomplejados de mirada corta y cobarde. Somos si nos defendemos. Máxime cuando a la verdad se la ha torcido con la mentira. Y este es el caso. Pero en un principio el motivo de mi reflexión estaba enfocado en Urraca reina. Hace algún tiempo que se viene hablando de ella para bien. La coincidencia del día de su muerte (8 de marzo) con los movimientos de la Mujer Trabajadora, antes, y hoy Día de la Mujer, más la explosión de la reivindicación femenina, han ayudado a que aquí se esté tratando el tema, además de como justicia de igualdad entre personas, también como acto reivindicativo en lo político, aunque esto a nivel local. Glosar rápidamente la figura de Urraca es como decir, en primer lugar, casualidad (llega al trono porque no hay varón, y el trono ya es hereditario a partir de Vermudo II, no electivo como sucedía con anterioridad, de Ramiro III hacia atrás), y en segundo lugar, una vez en él, sí, energía y decisión para «hacer de hombre» siendo mujer, y se entiende que en un ambiente desacostumbrado pese a que en el Reino se ha dicho que nuestras mujeres siempre tuvieron la consideración que no tenían en otros lugares. Es decir, la circunstancia fue improvisar con urgencia o por obligación, eso que en las tierras de León se nos ha presentado en alguna ocasión y que en otras tantas nos han dignificado como pioneros o adelantados. Pero Urraca, que sólo es un nombre si no profundizamos más en ello, es y debe ser toda esa dimensión territorial y emocional que hemos ido perdiendo por las intrigas de unos y las desidias de otros. Urraca es un pueblo. Urraca abarca y abraza a una sociedad definida. Urraca reina es la idea de una identidad constituida sobre una sociedad que se asentó en nuestra propia nación. Urraca somos todos y cada uno de nosotros llamándonos el León plural, diverso y extenso, y Urraca es y debe ser una celebración coral en todo el territorio. O el 900 aniversario de su muerte será enteramente incompleto y, como tantas veces que nos depreciamos, sus actos irán en nuestra propia merma cada vez más asumida e interiorizada como leoneses de corto recorrido. El reducidísimo León ciudad lo ha celebrado. Ha habido también, según he leído, alguna representación en la villa de los santos Facundo y Primitivo (Sahagún de Campos), donde reposan los restos de su padre Alfonso VI, su madre Constanza de Borgoña y otras tres esposas de este rey, Inés, Berta y Zaida. Beatriz no está. El rey en un sepulcro y sus esposas en otro, ambos de piedra. Pero adivinar que nuestro personaje tan importante adquiera la dimensión que merece, creo que podemos apostar a que no. Aunque también reinó en Castilla, aquella Castilla y esta de nuestros dolores no se corresponden. El
totum revolutum autonómico de hoy y de nuestros pesares, además, no va a hacer nada que nos recuerde que somos León, el León regional, mucho menos propiciar encuentros y celebraciones con el resto de la Corona leonesa. Por eso que la magnitud de una persona de referencia en la que se concita nada menos que la base social y la personalidad de un pueblo que lo fue por sí mismo y para sí mismo, que ello sólo sea expresión de recuerdo aquí o allá aisladamente, quiere decir que no valoramos bien lo que somos, o que ya no sabemos lo que somos y nos conformamos con las hilachas que alguien nos proponga. Pero eso es ir en dirección equivocada a lo que debe tratarse desde un plano institucional nacido en el territorio, con la sensibilidad adecuada y la envergadura, seriedad, solemnidad y consecuencias que el asunto merece. O eso, o es que la conocida cobardía nos domina haciendo que sigamos dejando jirones de nosotros mismos. El acontecimiento que se pretende debería abarcar lo sensato, o qué menos que reconocerlo en lo que hoy llamamos región leonesa. Un ejemplo que expongo y que particularmente me duele es el tránsito en vacío que sobre Urraca hay en Grajal de Campos, mi pueblo, un municipio que no tiene medios por sí solo, pero sí su Diputación. Un gobiernín propio que debería estar en cosas elevadas como esta. Hay en Grajal edificios de gran planta y valor que rivalizan y hasta superan a los del vecino Sahagún que tanto benefició el rey Alfonso VI, como quitar a Grajal el mercado y dárselo al vecino (1085). Entre ellos un palacio (s. XVI) generoso en espacio y sobrio y fuerte en la forma. Merece la pena visitarlo. Sobre sus actuales cimientos hubo otro construido en tiempos del ultimo rey de Asturias, Alfonso III (866-910). En ese primero es del todo cierto que Urraca estuvo presente en más de una ocasión pues como primer marido tuvo a Raimundo de Borgoña que entre otras muchas cosas fue conde de Grajal (1098) y en Grajal murió (1107) y de Grajal partieron sus restos mortales comandados por el obispo Diego Gelmírez que se desplazó desde Santiago de Compostela para acompañarle hasta su reposo eterno en la catedral de esa ciudad. Es del todo cierto que estuvo, digo, porque acompañando al difunto en Grajal estuvieron la propia Urraca, su padre Alfonso VI, los hijos del matrimonio, Sancha y Alfonso (futuro VII) y un hermano del difunto, Guido, arzobispo de Viena y más tarde papa Calixto II. Lo que he querido decir es que Grajal es referencia obligada si de Urraca hay algo que celebrar. Que Urraca, estando más presente en unos lugares que en otros, sin embargo pertenece digna y enteramente al acervo leonés y que como leonesa y reina su nombre y su celebración incumbe a la totalidad del territorio leonés. Y en este sentido vuelvo al principio del artículo y la referencia a la que aludo, donde se afea claramente el provincialismo miserable de nuestros tristes hombres y mujeres con voz y ejercicio públicos, quienes deberían hacer valer nuestro legado y no esconderse en la irresponsabilidad de un hacer deficiente y moralmente dañoso, salvo que sean incapaces o gallinas y sólo nos propongan la desvergüenza actual de nuestro, también suyo, León.
