menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Flores para Carmen

19 0
07.03.2026

Creado: 07.03.2026 | 06:00

Actualizado: 07.03.2026 | 06:00

Cuando se quiere hilar muy fino a veces se rompe el hilo. Hay gente que ha leído mucho, quizá demasiado, pues, en muchos casos, esos conocimientos teóricos los han digerido tan mal que en la práctica han acabado siendo víctimas de ellos, y nos han complicado la vida a todos. Suele ocurrir cuando los «hilanderos» tienen poder político, social, económico, y tratan de imponerse a los demás. Creo que la moderación es virtud, la tolerancia no lo es, las cosas no hay que tomárselas tan a pecho, y si cada hombre puede ser un mundo cada mujer un universo.

Hacer tabla rasa hablando de hombres y de mujeres sin especificar fechas, lugares, culturas y tradiciones es demasiada generalización, un engaño que llega hasta el extremo de magnificar un multiculturalismo que, en realidad, casi siempre conduce a una peligrosa diversidad enfrentada y violenta. Digo, una vez más, que es mentira eso de la convivencia de las tres culturas en la España Medieval. Hay que procurar llevarse bien con casi todos, pero sin olvidar que la «alianza de las civilizaciones» es una monumental majadería, y lo es por la sencilla y clara razón de que sólo existe una civilización, la occidental, en la que se incluyen, por voluntad propia, Japón, Australia, Corea del Sur... Así lo he escrito desde hace años. Me da la razón el libro

El mito del paraíso andalusí, del historiador y profesor norteamericano de la Universidad de Northwestern de Illinois Darío Fernández-Morera que en 2023 ha publicado aportando pruebas que demuestran la falsedad de ese conocido mito que viene hablando de la buena convivencia de las tres culturas. Ya en diciembre de 2000, el catedrático de la UAM Serafín Fanjul, experto arabista, publicó su libro Al-Andaluz contra España, y dejó muy claras y documentadas las persecuciones contra judíos y cristianos, deportaciones masivas hacia el norte de África, grandes matanzas en Granada en el siglo XI. Los cristianos hicieron lo mismo cuando pudieron. La población andaluza procede, en su gran mayoría, del norte de España. Empezó a llegar masivamente a partir del siglo XIII con el rey Fernando III El Santo. Los estudios genéticos actuales lo confirman. Sigo siendo ferviente defensor de la libertad de expresión, del contraste de pareceres, y no estoy de acuerdo con el escritor que ha dicho: «Europa se conjuró contra el monarca leonés Alfonso VII. El norte intransigente y bárbaro trataba de acabar con la convivencia de las tres culturas y convertir la Península en el campo de batalla de la Cruzada de francos y germanos». A los que claman por las libertades religiosas, les informo y hago saber que toda libertad debe cumplir las leyes civilizadas, democráticas, de España, entre ellas el respeto a la mujer, su igualdad de derechos, y la posibilidad de mandar a la mierda al canalla que la maltrata o esclaviza. Todos tenemos la obligación de luchar contra el Tributo de las Cien Doncellas. Verdadera pena sentí en 2018 al conocer el fallecimiento, por culpa del cruel cáncer, de Carmen Alborch Bataller, de 71 años, muy joven. Entonces yo estaba desmadejado por la quimioterapia y me consolaba repasando los viejos libros. Bien escrito, interesante, agradable, volvió a resultarme

Solas, año 1999, (gozos y sombras de una manera de vivir). Solas es un buen libro que sería casi perfecto si Carmen hubiera dicho algo sobre Esther Vilar, nacida en Buenos Aires en 1935, hija de emigrantes judíos alemanes, psicóloga, socióloga, médico, autora, en 1971 de El varón domado, que le regaló éxito y dinero en todo el mundo al mismo tiempo que desprecio, insultos y amenazas. A Vilar la llamaron fascista, le cerraron los medios de comunicación y así lograron que apenas se conocieran otros libros suyos. En Solas, libro razonado, culto y respetuoso, eché de menos algún comentario sobre la libertad y el valor de las mujeres toreras, las bailadoras flamencas con la elegante hermosura de sus batas de cola realzando sus exquisitas figuras, cantando la mejor poesía de España acompañada de maravillosa música. Sería bueno no sacar las cosas de quicio y recordar al genial Paco de Lucia, excelso guitarrista, que se mostró veraz, valiente y honesto, cuando dijo: «Fui de izquierdas hasta que gané los dos primeros millones de pesetas y los guardé en el banco. Como no hice nada por los demás ni los entregué para los pobres o para hacer escuelas, entonces dejé de decir que era de izquierdas». Creo que esta sinceridad vale la pena. En España hay trescientas cincuenta mil mujeres que lucen el bonito nombre de Carmen, y me atrevo a pensar que muy pocas se enfadarían con el hombre que les regalase flores, les cediera el paso y el asiento. Machista sí era el comunista Rafael Alberti, y demás anticlerical y ateo, pero no tuvo reparo, y sí el gusto de dedicar tres sonetos laudatorios a la Virgen del Carmen, que cosecharon hasta ciento cincuenta días de indulgencias de la iglesia católica. Este artículo quiere ser un sentido recuerdo, un homenaje a esta valenciana socialista, Carmen Alborch. Me quedo escuchando

Acaríciame, hermosísima canción de un grandísimo compositor español, Alejandro Jaén, de Jaén, que la compuso para Manoelle Torres, y años después la incorporó a su repertorio Lupita D, Alessi. Dice: «acaríciame, despacio, lentamente, y sin temor/ acaríciame y siénteme tan dentro de tu piel/ envuélveme en tu cuerpo por favor/ olvídate del tiempo y del ayer/ acaríciame y déjame escuchar tu corazón/ que late a prisa igual que mi pasión/ que vibra como yo con este amor/ acaríciame y bésame como te beso yo/ acaríciame y entrégate como me entrego yo». Ahora, ya no se crean canciones tan maravillosas. Con toda Burbialidad.


© Diario de León