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Silvio cogió su fusil

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22.03.2026

Creado: 22.03.2026 | 06:00

Actualizado: 22.03.2026 | 06:00

Visité Cuba durante el «periodo especial», en septiembre de 1991, cuando era un milagro coger una guagua en La Habana y fue imposible sacar un billete de tren para ir a Trinidad; los viejos coches americanos eran transformados en taxis clandestinos con el arte de resolver de los cubanos. Había colas en Coppelia para comprar un helado, los colmados estaban vacíos y La Moderna Poesía cerrada por inventario. Llamé a la puerta de Dulce María Loynaz, un año antes de que fuera premio Cervantes, con la recomendación de un berciano añorado, el escritor José Antonio Guerrero. No estaba la escritora. El reloj parecía parado en La Habana.

Cuba había echado los restos en los Juegos Panamericanos del verano, la URSS se desintegraba y llegó septiembre con las lluvias y la escasez llamando a todas las puertas. La doble economía y la doble vida, la del turista en dólares y el cubanito en pesos, se acabaría estrellando contra el inmoviismo. Fidel Castro todavía daba discursos interminables y recibió a Fraga en los jardines de La Tropical. Aún tuvo tiempo y mucho más de devolverle la visita a Galicia, tierra de sus ancestros.

La juventud recordaba tiempos mejores de la revolución y en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba sonaban las viejas glorias del son mientras Santiago Auserón descubría a Compay Segundo y antes de que Ry Cooder regalara al mundo la riqueza musical de la isla con Buenavista Social Club.

Los gobernantes aprendieron poco del periodo especial y el pueblo siguió resolviendo. Unos se fueron y muchos quedaron mientras se secaba la teta de la Unión Soviética. El bloqueo estadounidense ha sido el bombardeo permanente a Cuba. Solo le ponían a cobijo los barriles de Venezuela, México y otras ayudas de China. Trump ha logrado dejar a Cuba a la deriva, asfixiar al pueblo en un asedio medieval que no tiene por objetivo cambiar al régimen sino doblegar a los Castro a sus intereses económicos, que son los de Marco Rubio, su cancerbero, y el lobby de Miami. Cuba, modélica en sanidad, educación y cultivo de las artes, agoniza. Cuba, país que ha salido a socorrer a cuantos se lo han pedido en exilios y catástrofes, sufre el abandono internacional por miedo a la bota yanqui. Y hay quien se frota las manos viendo imágenes de personas esqueléticas por falta de alimento.

A Cuba está en manos de Trump. «Voy a hacer lo que quiera con ella», dijo el magnate presidente esta semana usando el lenguaje de un depredador.

El presidente Díaz Canel llama a la resistencia —no sabemos lo que hay entre las bambalinas de La Habana y Washington— y Silvio Rodríguez ha pedido el fusil AKM al que todo cubano tiene derecho para defenderse en un gesto que ha llamado más la atención en todo el mundo que las apreturas del pueblo cubano. Silvio ya tiene su fusil. Y para la isla van barcos de ayuda internacional. Cuba espera con la moral del kalashnikov y los versos de Nicolás Guillán en La canción del bongó: «Venimos de lejos y andamos de dos en dos».


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