Jerez: Semana Santa 2026 y los últimos de la fila
15 de abril 2026 - 05:50
Dijo el castizo que “lo primero es antes”. En el ámbito cofradiero -léase: vulgo Hermandades “los primeros”, en plural, laten en corazón bicúspide. “Los primeros” son, de entrada, los que llegaron antes, esto es: los antiguos -no todos los antiguos son veteranos, pero todos los veteranos siempre son antiguos, aunque esta distinción sea harina de otro costal (o molía) a cuyo desglose dedicaremos pronto capítulo aparte, coda o nota a pie de página-. Los antiguos, o sea los números bajos -no precisamente de estatura experiencial-, no figuran antes en el cortejo, sino después: dícese los últimos: valga subrayar -sin recurrir a la mayéutica-: último tramo, últimas parejas, último cirio, último -o casi- nazareno. Paradójicamente -como una conciliación de cuanto al ralentí parece contradictorio- si los primeros -del censo- son los últimos -en la cofradía- entonces el canon tácito, no escrito, se adecua a cuanto establece -según el pensador krausista- “la cosa bien hecha”. Y -jamás expresado por los cómicos de la legua- taurinamente a nadie escapa cuán verdad encierra aquello de “lo que está bien hecho, está bien arreamatao”.
Para continuar con el pimpampum del juego de palabras -que aún no ha alcanzado el épodo-: los primeros de la corporación nazarena encarnan los recentísimos hermanos, atiéndase: los últimos inscritos en el libro de miembros. El orden numérico de los factores no debe alterar el producto del criterio democrático. Fuera de todo pasteleo o merienda de negros. O abuso de poder. El referido orden numérico respeta en el seno interno de las Hermandades una sagrada norma justa e incontestable: la antigüedad. Este postulado, a medida que avanza el espíritu novelero del siglo XXI, constituye virtud personalizada. La constancia, la perseverancia y la lealtad institucional hoy comportan cierto matiz de heroicidad. Silenciosa por lo común, pero heroicidad al fin y al cabo. La sociedad hodierna -y no precisamente moderna- incita al corto y cambio; al si te vi, no me acuerdo; al donde dije Diego, digo dije; a la paciencia cero; a los pies en polvorosa a las primeras de cambio; al trasero de mal asiento; al un sí es no es irregularidad; al ni carne ni pescado; al ni corto ni perezoso; al ni crece ni aborrece; al ni fu ni fa; al ni quito ni pongo…
El tremendismo, el extremismo, el dogmatismo, empero, sí abunda por doquier. Pero no por lo general machihembrados con el contraejemplo sino con la discontinuidad. Una mano arrugada al término de una cofradía es como un epílogo de espejo público. La virtud de los años en el doctorado de la piel. Una lección magistral de adhesión al orgullo de pertenecía. Y, por descontado, la razón de ser del eje de coordenadas y abscisas que forman la luz y el espacio, el hombre y el tiempo, en el sistema neurovegetativo de una asociación de hombres unidos y armonizados bajo el indefinible magisterio de la Hermandad hecha verdad y vida. A los últimos nazarenos del cortejo les asiste el privilegio de su proximidad al cielo de María Santísima bajo palio -como una metáfora trascendente (con su correlato vital)-. Ellos, los veteranos, observan delante de sí toda la realidad -la extensión- de la cofradía -que es como un visionado express de la secuencia biográfica de quienes -pese a que vienen de vuelta- nunca dan la espalda…
Puedo prometer y prometo que he vivido -o, por mejor decir, gozado- una Semana Santa imborrable. Por plurales aspectos -con nombres propios-, a cada cual más satisfactorio. Mi especial consideración -y, consecuentemente, admiración- a los últimos de la fila. Y no me refiero a la ‘Insurrección’ de Manolo García -vocalista- y Quimi Portet -guitarra-. Sino a la resurrección de la revalida de la cédula de sitio con la misma identidad de modo impenitente (a favor -sigamos con la danza léxica- del penitente que, como Jesucristo contigo, nunca falla). 2026 ha generado una Semana Santa ejemplar gracias, sí, a los últimos de la fila: a los incombustibles: por ejemplo: Antonio Bejarano Bustos y Francisco Javier Soto Fernández, últimos cirios de la Hermandad de Loreto; José Enrique Sánchez Izquierdo, última palma del cortejo de Cristo Rey; Santiago del Pino Maldonado, último cirio delante del paso del Señor del Prendimiento; Manolo Cobos y Javier Valle, última pareja de cirios de la Virgen de la Estrella… Los últimos también serán los primeros en el Reino de Dios. ¡Qué bien supo verlo san Mateo!
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