Jerez: Domingo de Ramos de 1947
06 de abril 2026 - 05:00
Jerez despertó movido y removido por los efectos secundarios de la incertidumbre. La mañana del Domingo de Ramos -30 de marzo- de 1947 mantuvo a los jerezanos en vilo. En esa dubitación que la climatología suele propinar sin clemencia y además puntualmente -ni antes ni después- según la fecha señalada para el gozo. ¡Maldita coincidencia e incluso confluencia (la del inicio de la Semana Santa y la llovizna in crescendo)! Como una penitencia ligada a los prolegómenos. El cofrade ya está curtido en las mil batallas del sí es no es predicción meteorológica favorable a la estación de penitencia. Pero cuando las gotas caen a varias horas vistas de la salida procesional, el rostro se demuda, el rictus se tensa y los nervios se dislocan. Y agua -y no a cuentagotas- cayó durante los primeros compases -sin impasses- de la franja matutina de esta jornada inaugural de la Semana Mayor. La cosa se puso seria sin tampoco calificarse la estampa de fuerte aguacero. Empero el cielo quiso echarse a coleto un giro copernicano: gradualmente fue despejando dudas y a su vez también las nubes. El sol del día de las palmas y la algarabía fue penetrando de lleno sobre la orografía de la ciudad. Los cofrades sonrieron tímidamente al principio, no dando crédito a la metamorfosis de sus propios estados de ánimo y menos aún a la certeza de la brusca huida de los chubascos. Las precipitaciones pusieron pies en polvorosa para correr hacia tierra de nadie.
Jerez se echó a las calles. El Domingo de Ramos no corría peligro. La Coronación destacó por su esplendor y por el orden riguroso de su cortejo. Imponente cofradía. Su tránsito por la Carrera Oficial causó gran impresión por el cuido de los más inapreciables detalles. Abrían marcha la escuadra de bastidores y la banda de clarines del Depósito de Recría y Doma, seguidas por las bandas de tambores y cornetas de Aviación y de Música Municipal. El paso del Señor de la Coronación, adornado con claveles granas, estaba presidido por el presbítero José Benítez Grondona. El de Nuestra Señora de la Mayor Aflicción, decorado con ramos de claveles blancos en arcos y valiosos “tibores” de plata, por el presbítero José Jaén Santiago junto a la Mesa de Hermandad. La imagen de la Virgen estrenaba una magnífica corona de plata sobredorada, de gran valor y mérito artístico. En el paso de palio figuraba la vara dorada, por quien fuese hermano mayor Juan C. Vacas Barbudo.
La Hermandad de las Angustias fue la segunda en llegar a la mesa de comprobación de hora. Encabezaba el cortejo una escuadra montada de la Guardia Civil. La imagen de Nuestra Señora de las Angustias descansaba en su artístico paso, recientemente reformado, y estrenaba nueva saya. La corporación iba presidida por la Junta de Gobierno, el párroco de San Pedro Anselmo Andrades y el beneficiado de la Colegiata Juan Torres Silva. Participaron las bandas de tambores, cornetas y música del Hogar de la Purísima Concepción. Desde el palco oficial presenciaron el desfile el teniente de alcalde Alfonso Domecq, los gestores señores Abrisqueta y Mateos y otras representaciones oficiales, junto a comisiones de hermandades. Poco después de las doce cayó un fuerte aguacero, cuando ambas cofradías se encontraban ya cerca de sus respectivos templos.
En los primeros días de la Semana Santa de este año de Gracia de 1947 los ecos de sociedad proseguían su dictado. Los marqueses de Villarreal de Burriel celebraron con alegría el nacimiento de su primer hijo, un varón. La marquesa, Vicenta de Giles y Zuleta, se encontraba en perfecto estado. En la capilla de la hacienda El Cuco, el niño Felipe Ataulfo González Gilbey —hijo del matrimonio González Gordon (Gabriel)— recibió por primera vez la Sagrada Eucaristía en la mañana del Lunes Santo. Regresó de Madrid Antonio Rueda, director de la Delegación del Instituto Nacional de Colonización, a donde viajó por el fallecimiento de su padre. Desde la finca El Carrascal, en el término de Trujillo, viajaron a Sevilla los señores de Almocadén. Tras una breve estancia en Cádiz, había vuelto a Madrid Juan Gordon y Picardo. Los señores de Marín Primatesta pasan sus vacaciones junto a su hijo. Ha llegado desde Sevilla su hijo José Antonio, estudiante de la Escuela Superior de Bellas Artes. Rafael, fotógrafo madrileño, anunciaba sesiones esta semana en el Nuevo Hotel o en los domicilios que lo soliciten.
José García Duarte sufrió una indisposición repentina en la noche del domingo. El Lunes Santo mostró cierta mejoría, aunque su estado continuaba siendo delicado. El Domingo de Ramos lucieron traje de gala las señoritas María Julia y Esperanza Valle García, hijas de los señores de Valle Chacón (Julio). El Jueves Santo vestirían también traje de largo las señoritas Carmelita Casares Narbona y Teresita Repetto y Angulo. En la tarde del Domingo de Ramos contrajeron matrimonio en la parroquia de San Miguel la señorita Catalina Peñalver Becerra y Cristóbal Bejarano Navarro. La ceremonia fue oficiada por el coadjutor José de la Cuesta y Díaz de la Serna. Actuaron como testigos Manuel Mejías Falcón, José Muñoz de los Ríos, Manuel Quevedo Guerrero e Ignacio Mariscal Garrido.
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