menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Escuela de padres

20 0
14.03.2026

He vuelto a la escuela. A la escuela de familias. Un espacio donde compartir todo lo que ocurre en el día a día con la crianza de los hijos. A priori puede sonar poco apasionante, pero la realidad es muy distinta. Lo es, y mucho. En mi primera clase conocí a mis compañeras. Solo mujeres. Parece que la crianza sigue recayendo, al menos en parte, en el mismo género, o al menos el interés por reflexionar sobre la materia.

Escuchar a otras madres contar experiencias tan parecidas a las tuyas resulta reconfortante. Te hace sentir que no estás sola, que esos seres tan adorables también saben tocar todos los botones, como dice mi amiga Sia: la ira, la tristeza, la alegría, el miedo y, por supuesto, el amor. No todas esas emociones están bien vistas. A mí, de niña, no me dejaban llorar. Ahora, cuando asoma una lágrima, ya no hay quien la detenga. Pero sigue produciéndome vergüenza. Me hace sentir extremadamente vulnerable. Los hijos, a veces, nos hacen perder los papeles. Pensamos que nos desafían constantemente. En realidad, nos piden todo el tiempo que les marquemos límites. Pero ¿qué ocurre cuando tú mismo, en tu día a día, no eres capaz de ponerlos en tus relaciones adultas? En la crianza predicamos con el ejemplo. No sirve decirle a un niño que no puede ver pantallas si el televisor está encendido todo el día o si vivimos pegados al móvil. Puede parecer obvio, pero a veces necesitas que alguien de fuera te lo recuerde. Los de fuera tienen una mirada más objetiva y sus verdades duelen menos. Casi todas las que acudimos a la escuela de familias coincidimos en algo: los berrinches de nuestros hijos son uno de los mayores retos. Algunas madres pecan de excesivamente tolerantes; a otras se les escapa la fuerza por la boca en forma de gritos, con la inevitable carga de culpa después. La maestra de estas clases lo dice con claridad: los niños que tienen la mala suerte de crecer con padres que no se ocupan de ellos o que se desentienden, no se salvarán cuando la vida les ponga delante sus primeras adversidades.

Suscríbete para seguir leyendo


© Diario de Ibiza