Caminos de tierra
Un camino de Ibiza. / Ayuntamiento de Santa Eulária
Ya está aquí, de nuevo, ese no sé qué que me agarra del estómago cada vez que me adentro en el pequeño camino de tierra hacia la casa en la que crecí. En mi Ibiza. Y no es el mismo algo, qué va. A ratos va de dentro afuera, otras, de fuera adentro. Contiene cantidades variables de nostalgia, melancolía y ese nubarrón que siempre se ve cuando uno se asoma a ciertos balcones de la memoria. Hay dolor pasado, presente y hasta futuro. Todo eso cabe en un camino.
Para empezar, las dimensiones. Aunque lo he dudado de tanto en tanto, ahora estoy casi segura de que no he crecido yo, sino que fue el camino el que se fue haciendo cada vez más pequeño. No tiene nada que ver con que antes apenas hubiera muros colindantes o con que hubiera una línea difusa entre el camino y el jardín de las casas. ¿Cuántas veces lo recorrí en bicicleta? ¿Mil? ¿Cuántos de nosotros aprendimos precisamente en ese camino a pedalear, con sangre en las rodillas, sin miedo a volver a caer?
Y delante de mi casa, donde ahora se levanta semejante muralla, había un campo de fútbol. Tan nuestro que no necesitaba más marcas que las dos piedras de las porterías. Sabíamos de memoria dónde estaba el centro del campo y el tiro de penalti. Primero........
