El civismo, una cuestión de cortisol
Llevaba más de una semana en una vía secundaria paralela a la autovía. Un camino donde, en cuanto atardece, los chavales hacen botellón y derrapan con sus motos. El primer día me pregunté qué habría hecho el conductor para reventar la rueda así. El segundo, por qué la grúa no lo había recogido y el tercero, cómo el propietario de un Mercedes tan chulo se arriesgaba a dejarlo en un lugar tan expuesto a la pillería. El cuarto vi un par de arañazos de mal gusto y el quinto, un cristal roto. ¿Estaría abandonado? Imposible. ¿Robado? Ajá. La detective que hay en mí y que ha leído cientos de novelas policíacas, muchas de dudosa calidad, lo vio claro. Ahí había mandanga y yo iba a ser un ejemplo de civismo. Me puse manos a la obra.
112. Ring, ring.........
