El guiri de la sangre y la virgende la vivienda
Los turistas que esta Semana Santa visiten Ibiza van a flipar. Se van a encontrar con un recorrido de devoción y pasión nunca visto en la isla. Si quieren subir a dar un paseo por Dalt Vila, que no se olviden de la borriquita, que tal como están las calles, todas levantadas, les hará más apaño que un taxi. Eso sí, y tengan en cuenta que pueden acabar formando parte de la cofradía del guiri de la sangre, como no vayan con mil ojos para no acabar tropezándose con vallas, cayéndose a zanjas o raspándose con alguna madera.
En Dalt Vila están ya dando palmas al ser bendecidos, tras cerca de veinte años de espera, con el Parador. Quién les iba a decir que tras años y años formando parte de la hermandad de la eterna agonía se iban a ver ahora devorados por la cofradía de las obras del más allá (de las puertas del Parador). En fin, paciencia tienen más que Job.
Tomarse un relaxing vermut en el casco histórico estará complicado, porque buena parte de los locales han tenido que cerrar. Si llevan una mochilita con agua y un bocadillo, que se preparen para que quienes han ido más desprovistos les pidan el milagro de los panes y los jamones. Si pasan de Dalt Vila y se quedan por la plaza del Parque o Vara de Rey, que sepan que también hay obras. Un cristo, vaya.
De las playas, Aemet mediante, no parece que vayan a poder disfrutar mucho. Podrán instagramear, pero a riesgo de quedarse pajaritos con las temperaturas que se avecinan. No parece que vayan a poder ser, durante mucho rato, los turistas yacentes en la arena.
Por cierto, que a punto de comenzar la temporada todo sigue igual en el tema de la vivienda. Después de pasar todo el invierno como la Dolorosa, con lagrimones como diamantes rodando por las mejillas porque los trabajadores no tienen dónde vivir, el verano se echa encima y todo sigue igual. Y esto no lo soluciona ni el santo encuentro entre la virgen de la Vivienda y el precio digno del alquiler resucitado. ¡Feliz Semana Santa!n
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