menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Mi batalla contra la bandera española

20 0
22.02.2026

Tras dos horas de lucha acabo mi combate anual con la lantana, o la bandera española, como la llame cada cual, como si me hubiera peleado con un gato, lleno de arañazos. Y eso que me enfrento a ella con guantes y bien cubierto, pero sus ramas con pinchitos amenazantes siempre encuentran el resquicio por el que vengarse de mi agresión.

La bandera española es esa planta que tanto ha proliferado en las Pitiusas con florecitas que pueden ser rojas y amarillas, de ahí su nombre, o azules y violetas, y en ese caso el nombre pierde su sentido. Digo que ha proliferado porque, como tantas otras que hoy tomamos como comunes, es una planta invasora que procede de Suramérica.

Y ojo que no pretendo que se tome este artículo como metáfora de nada. Un compañero me cuenta que le llamaron racista porque escribió que había que eliminar una planta africana de nuestros campos y otro me dice que ande con ojo al decir que quiero liquidar la bandera española de mi patio, tal y como están de blanditas las susceptibilidades. No es el caso.

La planta crece feliz y a una velocidad de vértigo en el arriate de mi patio. No sé cómo llegó allí, porque yo no la planté, pero se instaló a sus anchas junto a la parra. Se mezcla con naturalidad con otras invasoras, la resiliente kalanchoe de Madagascar, popularmente conocida como espinazo del Diablo, y la fluorescente sudafricana vinagrillo o vinagrilla o agrio, para muchos ya de la casa por el color que aporta a los campos pitiusos en invierno desde hace muchos años. Todas ellas aparecieron por sorpresa y para quedarse, pese a que cada año me afano en podarlas o en arrancarlas.

De hecho, cada vez que me armo de valor y de guantes para esa batalla (perdida) anual contra la bandera española y la dejo en el tronco mondo y lirondo, pienso que lo que voy a hacer es arrancarla o quemarla o echarle lejía o… pero luego al verla así desnuda me da penica. Así que el año que viene volveré a combatirla. Es lo que llaman el ciclo natural... o el eterno retorno.

Suscríbete para seguir leyendo


© Diario de Ibiza