Viajar al pasado: la hemerotecade Diario de Ibiza (VII)
Foto antigua de Ibiza / Juan Miguel Pando Barrero
¿Saben ustedes, mis sufridos lectores, cuál fue el primer antecedente de los típicos ‘beach clubs’ de Ibiza que dinamitan a toda hora el sosiego de las playas con sus altavoces infernales? La respuesta la dejó escrita Conor O’Brien, un destacado arquitecto que fue también un reconocido navegante y viajero. Recaló en Ibiza unos meses en 1932, inmortalizando sus impresiones en ‘Viaje y descubrimiento’, un relato de imprescindible lectura para quien desee adentrarse en el ambiente isleño de aquellos años.
Pues bien, refiriéndose a los turistas −que ya empezaban a desembarcar en el puerto de Ibiza a paso de zombi con zapatos de charol−, se lamenta: «Días después, sufrimos un ejemplo de invasión en la bahía de Portinatx. La naturaleza de esa bahía es más bella que la de Cala Vadella, pero ese día se estropeó con la llegada de automóviles y autobuses cargados de bañistas gracias a una nueva carretera que había costado mucho dinero y que no tenía justificación ninguna. En Cala Vadella también habíamos visto un grupo de bañistas que había llegado en un carro de mulas. Resulta que sí que había un acceso a la playa, pero era un camino de esos en que los pasajeros han de bajarse del carro y llevarlo a hombros por los peores tramos y que nadie se ocupa de arreglar para beneficio de los turistas, aunque estos no eran exactamente turistas. Venían de San José, un pueblo en el que lamentablemente hay poca agua, seguramente necesitados de darse un baño. A diferencia de los automóviles y autocares, su medio de transporte no estropeaba un ápice el paisaje, ya que lo habían aparcado a la sombra de........
