El pino carrasco: Ibiza brotada en árbol
Si los navegantes griegos que bautizaron Ibiza y Formentera como las Pitiusas −que se traduce por ‘pinosas’− las volvieran a observar hoy desde sus galeras, a la primera de las dos islas la considerarían digna todavía de tal nombre. Les causaría admiración que, después de tan devastador océano de tiempo, Ibiza siguiera conservando la mayor parte de sus bosques de pino, circunstancia que no se ha dado en Formentera.
El efecto en ellos sería de grata sorpresa; en mi caso, de extrema felicidad. Me maravillo al comprobar cada verano que los bosques siguen erguidos en sus puestos, prietas las filas, con los pájaros intactos sobre sus cabezas, pregonando su reino de verdor. Testigo privilegiado soy de ello cuando costeo la isla en mi kayak, contemplándola así desde un punto de vista semejante al de aquellos tripulantes griegos de la Antigüedad a bordo de sus trirremes.
Me pregunto qué clase de milagro obra todos los años Ibiza para que, a pesar de la presión demográfica y económica, el grueso de la masa forestal resista todos nuestros insensatos embistes. Cogido de la mano del simpático diosecillo Bes, puede que se ocupe Sant Ciriac (patrón de la isla) de la guardería forestal, patrullando aquí y allá a pie para que nadie ni nada ose........
