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Introducción a los vasos órficos

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09.08.2026

A diferencia de otros ensayos y artículos sobre artes plásticas, donde Lezama solo tuvo acceso a ilustraciones en libros, reproducciones o quizás algunos documentales ―como explico en el prólogo a La materia artizada)―, aquí Lezama sí pudo disfrutar de 132 vasos originales griegos ―no cráteras estrictamente órficas, como tampoco lo es la que describe en este ensayo―, gracias a la mundialmente conocida colección del Dr. Joaquín Gumá Herrera (1909-1980), conde de Lagunillas, iniciada hacia 1943 y donada en 1956 al recién inaugurado Palacio de Bellas Artes de La Habana, apenas a tres cuadras y media de Trocadero 162. Caminar hasta allí era uno de sus "largos" paseos. Al regreso se sentaba en el Paseo del Prado o subía a "El Anón de Virtudes" a disfrutar un helado de mamey o una champola de guanábana —muy degustada por Luis Cernuda en el mismo sitio—, a pensar en los fragmentos de himnos que se conservan de Orfeo, en las fiestas dionisíacas y a burlarse de estoicos y cartesianos.

La "magia" del supersincretismo caribeño —según viera Antonio Benítez Rojo en La isla que se repite— tiene en el orfismo de Lezama un relevante ejemplo, entre otros muchos legados de su "galería aporética", descubiertos en la "obertura palatal" y cocinados en su "horno transmutativo", como enseña Editabunda a Fronesis en el capítulo IX de Oppiano Licario.

Las múltiples menciones a Orfeo y lo órfico, a su lira y simbología en textos anteriores y posteriores, indican ―ejemplo pertinente― un conocimiento poco usual en la América Hispana ―rareza en Cuba― de la mitología y filosofía grecolatinas. Estamos ante otro producto de su pantagruélica voracidad lectora, en este ángulo dirigida a hallar cualquier fundamento válido ―por esotérico o críptico que fuese— para su "sistema poético" y su catolicidad, desde los misterios eleusinos hasta el mal llamado Libro de los muertos.

En lo órfico puede sugerirse que tal vez dos poetas fueron catalizadores del acercamiento: Apollinaire y Rilke. En 1912 Guillaume Apollinaire exalta, en la galería Der Sturm de Berlín, lo que llama "cubismo órfico", que representa en las pinturas de Picabia, Léger, Duchamp, Delaunay. El poder misterioso del arte para despertar emociones distintas, la fragmentación de la luz y del color, son observados como un nuevo camino dentro de las vanguardias artísticas de principios del siglo pasado. Los 55 Sonetos a Orfeo de Rilke ―lectura del Curso Délfico― entran en la misma pretensión de conjugar las artes, disfrutar sus correspondencias sutiles. Cuando tenía apenas 17 años, Lezama pudo descubrir en la Revista de Occidente al enorme poeta. Habría que añadir, con toda seguridad porque lo recuerdo en su biblioteca, la lectura de El hombre y sus símbolos de Carl Jung.

Los principales ensayos de Lezama sobre su poética, tienen fuertes reflexiones sobre esa misma "fragmentación", aplicada a la palabra, a sus poderes traslaticios, al misterio de connotar, de remitir al signo, esculpir una imagen que a la vez fuera como un tañido, lira lírica: las diversas expresiones artísticas se entrelazan, establecen vasos comunicantes entre ellas. Producto de ello es "Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (siglos XVIII y XIX)", escrito en 1966.  No olvidar que uno de sus ensayos clave se titula "Confluencias",........

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