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Aplauso a un popular

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11 de abril 2026 - 03:04

Voya poner por las nubes a un político del PP, para que nadie me acuse de falta de ecuanimidad. Coincide, por cierto, que ese hombre es mi hermano Nicolás. El pudor que me da hablar de un hermano se compensa con mi resistencia a aplaudir a uno del PP, así que empate. Vengo a hablar de su compromiso cívico.

Yo me dedico a los grandes temas teóricos. No sé de geopolítica porque es un tema pequeño. Me interesa la eternidad, la salvación de las almas, las grandes instituciones como las naciones occidentales, el concepto de Imperio, el Papado o la poesía japonesa. Aunque nos pareceremos en otras cosas, ojalá, Nicolás García-Máiquez es un hombre del cuidado. Lo es como farmacéutico, siempre pendiente de sus enfermos, incluidos los más difíciles, los imaginarios, como sé yo por experiencia hipocondríaca.

Políticamente le sucede igual. Se marca pequeños objetivos que arreglan problemas concretos, no grandes ambiciones egocéntricas. Detectó, por ejemplo, que las gaviotas y los cormoranes se posaban en la corona de la bellísima escultura de la Virgen del Carmen de la escollera de Levante del río Guadalete. ¿Conocen esa obra de Botaro? Impresiona. La Señora aparece asomada en la punta del espigón mostrándole al Niño la inmensidad del mar. Por cómo Jesús abre los brazos se conoce que es la primera vez que el Niño lo ve. De todo eso nos despistaba la gaviotería, tan sucia. Mi hermano avisó y avisó y avisó y avisó, hasta que la Autoridad Marítima ha puesto unas protecciones a la escultura. He ahí un logro auténticamente político.

También ha perseguido que se construya un parking público donde más falta hacía, y cuánto se lo vamos a agradecer los sufridos conductores. Siempre está pendiente del pequeño problema fastidioso que dificulta la vida cotidiana de la gente corriente de todos los partidos.

Entre los que nos dedicamos a los asuntos abstractos y los políticos que están en su carrera de sillones (valga el oxímoron), la casa fácilmente se queda sin barrer, como vemos por muchas partes. Es una maravilla que existan personas muy comprometidas con la pequeña mejora constante y el cuidado de su barrio y de su ciudad, de su provincia y hasta de su región. La política local es la más desagradecida para el ego, y la más agradecida para el prójimo, incluso para el hermano abstraído.

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