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Felipe

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17.02.2026

17 de febrero 2026 - 03:08

Cuando media España era de Felipe González, en adelante Felipe, digo que lo votaba y lo defendía hasta en los lances más difíciles, como lo de la OTAN, como en la puerta de la cárcel de Guadalajara o en las huelgas generales, qué sé yo, en tantas cosas, nadie podía imaginar (que yo sepa) que unos ministros de un gobierno del PSOE lo hubiesen descalificado como lo han hecho de tres en tres. Y que gran parte de la izquierda del partido socialista lo hubiera puesto pingando. Me acuden a la mente latinajos sobre todo esto, nihil novum sub sole, por ejemplo. La ingratitud humana es infinita. Porque si Felipe no se merece decir lo que piensa no ha valido la pena el largo recorrido desde la muerte de Franco hasta hoy. Claro que lo que piensa Felipe de este tiempo y de este PSOE es estimado como nocivo por los máximos responsables, especialmente el actual número uno, o puto amo también llamado. Que no ha dicho nada, se han encargado otros. Hasta en eso tiene razón Felipe para informar a los españoles de que si se presenta de nuevo “votará en blanco”. Votar en blanco es el último recurso que tiene la democracia para los ciudadanos que no “pueden” votar a los suyos por cuestión de conciencia y a los otros ni se les ocurre. Todos somos Felipe en un momento dado. Es el mecanismo que se dispara en nuestra decisión para el voto: A este por supuesto que no, a ese tampoco, naturalmente, y al mío ni de coña, me tienen que matar. ¿Qué me dejan hacer? Nada, el voto en blanco. Pero, claro, que sea el mismísimo Felipe el que lo ha dicho, con el caudal de rupturas en el interior de simpatizantes y militantes que ello conlleva, es lógico que haya producido el sarpullido ministerial y el silencio de sepulcro (blanqueado, por supuesto) del puto amo. A los antagonistas se lo han puesto fácil: ni el más suyo de los suyos –Felipe González– lo va a votar, imaginad de quien estamos hablando y del daño que puede hacer a España, por ejemplo. Porque otra cosa no pero patriota, a Felipe, no se lo quita nadie. Lo ha demostrado ampliamente. Si estamos a casi dos años del momento, podemos imaginar la gradación. Vamos al país irrespirable. La España de Felipe ya no es el país que dejamos a popa y que se aleja entre las olas de esta riada terrible que hemos vivido.

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