‘Ostalgie’
03 de abril 2026 - 03:06
En los últimos días, se han viralizado imágenes de las casas museo que replican cómo era la vida en época soviética. Si no la primera, la más famosa es la que se encuentra en el Museo de la RDA en Berlín, que acoge a todo detalle un apartamento recién salido de los años 70.
La línea general era mostrar la intimidad de esa “otra vida” que se dejó atrás con motivo. Una otra vida (se quiere entender) en la que los pisos eran pequeñísimos, con unas cocinitas como de juguete y baños rudimentarios.
Habiendo visitado la recreación berlinesa, y habiendo vivido en la época, la verdad es que yo no encontré muchas diferencias entre una casa normal de los 70-80 y el ejemplo paradigmático de alienación y tristeza soviéticos. Ni siquiera había una diferencia sideral con el catálogo de Ikea del momento. ¿El baño? Una cutrez, sí: como muchos de aquí. ¿Las puertas? Un dolor mirarlas, sí: ¿recuerdan cómo eran antes de cambiarlas por las del Leroy Merlín? Los que más disfrutaban en la recreación, sin embargo, eran los autóctonos: “Como cuando yo era niño, todo igual, exacto”. Más que abochornados, parecían entusiasmados: su pizca de ostalgie, de esa nostalgia del Este que creo tiene más de sentimental que de político.
Lo que ha contribuido a viralizar estos escenarios no ha sido (sólo) una vuelta a la estética setentera, sino un par de líneas de las explicaciones que los acompañan: por esos pisos, normalitos, de entre 50 y 70 metros, se pagaba lo que hoy día vendría a ser el equivalente a unos 100-150 euros de mensualidad.
Tenían sus peros, desde luego, que no suelen mencionarse: te los asignaban vía empresa (estatal) según puntos. Había diferencias entre décadas: los que están en exposición, de los setenta, eran muy codiciados –los de décadas anteriores gozaban de climatización nefasta y muchos no tenían ascensor–.
Aun así, una realidad como esa –una casa que no te coma la vida– se antoja en la actualidad como de País de las Maravillas. Quién nos lo iba a decir.
Como digo, recuerdo cosas. Recuerdo a la actriz de uno de esos culebrones de siesta (Los ricos también lloran, muchos también lo recuerdan, no se escondan) hablando del éxito que tenían en Rusia. Y claro. Claro. Cómo competir con Dallas y Dinastía, con esas hombreras, con esos dorados, con esos baños en los que cabe todo el plano de la caja de cerillas en la que vives, en ese edificio que parece levantado por un Playmobil brutalista, horrible por fuera y clónico por dentro. Es como comparar caviar y cartón piedra. Y claro. Claro.
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