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Pactos

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11.04.2026

Pone una condición el que se salta todas las reglas dadas para el buen concilio de las naciones: el país agredido ha de rendirse. No cabe en el cerebro de Donald Trump ni en su conciencia la prueba incólume que defienden las civilizaciones estimables: la dignidad. Porque pedirle a los guanches o a los persas que se rindan es no entender por qué la cabeza se encuentra donde se encuentra. Consta: solo una entidad brilla en este mundo para darle sustancia, el susodicho. El resto son desvelos descarriados. Con ese pormenor enhiesto su actuación resulta fácil. Si él (divino Dios) ha sido elegido como el supremo, el presidente del país más importante del planeta ha de actuar en consecuencia. Si así ocurre, todo lo que lo rodea tiene un solo dueño y no puede resistirse. Desde su mirador supremo ve y registra: Canadá en su lugar, Groenlandia en el suyo, Canarias porque es un lugar estratégico, Ceuta y Melilla hacia Marruecos por amigos, etc. El etc. no es distraído, es conjetural. Lo que demuestra lo dicho es el modo. Pues no ataca a su enemigo China, ni a la Rusia del Putin que se carcajea de él, se las tiene con Canadá, con Dinamarca, con Venezuela, con Irán, espera Cuba y vaya usted a saber. Pero sería funesto pensar que lo que embarga a este individuo es lo que algunos alegan, que está loco. La historia viene de lejos, viene del posicionamiento de la ultraderecha más resolutiva en los republicanos de allí. La encontró Ronald Reagan, la siguieron los Bush hasta la mentira y la destrucción de Iraq y este es la consecuencia. Dos instancias superpuestas: el nacionalismo y el control mundial. Imperialismo de antigua entraña, se dirá, y es cierto, con el remate ya dicho: lo que EE.UU. militar y económicamente es. Así, desde el comercio a las estrategias que se aplican. Si Reagan comenzó a condicionar la relación con los otros en este factor, Trump remata: los aranceles; y en distintas medidas: a Europa (a la que quiere rendir y sojuzgar) a China y hasta el más parco atolón del pacífico. Eso da para que, después de muchos años, no sea Estados Unidos quien controle este sector del orbe. Cosa que (en el fondo) no está mal, conforme los afectados se mueven. Pero eso logra. Y lo otro es las llamadas al orden de este ególatra, petulante, arrogante, siniestro sujeto ante las dichas naciones y las que quedan. Con el más que se proclama: lo que asignan en su gobierno los grandes capitostes del petróleo que lo rodean. No es distraída Venezuela, tampoco Irán. ¿El narcotráfico o la carreta atómica? No hay duda, aunque lo fuerce con guerra, caro ganador (Netanyahu) frente a la impudicia del presidente del país más importante del mundo. Hay tregua. Para dialogar. ¿Qué cederá Teherán a Trump?, ¿qué aceptará Trump de lo que le ceda Teherán? Todos esperamos que, en verdad, las armas dejen de sonar.


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