Al otro lado de la cortina
Estos días he descubierto que en la sanidad pública se practican muchas virtudes: la paciencia, la empatía, la humildad, el respeto… Y no me refiero únicamente a quienes trabajan en ella ni tampoco a quienes están enfermos, sino a todos. Alguien muy cercano a mí ha estado ingresado en el Hospital Universitario de Canarias y eso me ha llevado a pasar muchas horas allí. Primero en Urgencias, después varios días en Tránsito y finalmente en planta. Cuando una permanece tanto tiempo en un mismo lugar acaba observando, y aquellos tres espacios del mismo hospital me permitieron comprobar hasta qué punto nuestras mejores virtudes se ponen a prueba cuando la enfermedad entra por la puerta. Urgencias quizá sea el ejemplo más evidente. Se percibe el cansancio de profesionales que trabajan sometidos a una presión constante, pero al otro lado hay pacientes con dolor y familias con miedo, incertidumbre y necesidad de respuestas. Y ninguna de esas circunstancias consigue siempre sacar nuestra mejor versión. Los pacientes, haciendo poco honor a su nombre, a veces son todo menos pacientes, y quienes los acompañamos........
