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La carta de Amadeo I

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16.04.2026

16 de abril 2026 - 03:07

Que razón tenía Francisco de Goya y Lucientes cuando nos advertía de los horrores que puede desencadenar el ser humano. “Los sueños de la razón producen monstruos”. ¿Qué podemos esperar de esos monstruos? Tiranías. En el triturador de grandes esperanzas que fue el siglo XX, y en los 26 años que llevamos del post-humano y repulidamente tecnológico siglo XXI, las tiranías están pintarrajeadas de democracia. Y aquí estamos los españoles del siglo XXI, en el albañal autodestructivo donde definitivamente se quiere disolver a España. De ahí que Sánchez viaje con su señora a China.

No nos ha escrito ninguna carta, ni para justificar este viaje, ni para explicar cómo gobierna si no puede aprobar los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso de los Diputados. Véase Constitución Española de 1978. Título VII Economía y Hacienda. Artículo 134, siete apartados. A estas alturas de la pesadilla, Sánchez suspira por aliarse con los dragones del Lian Shan Po comunista para terminar las obras de sus mazmorras. Si un día nos encontramos en la Puerta de Alcalá un cartel que diga “Viva Xi Jimping” es que no habremos sabido estar a la altura de lo que nos enseña nuestra historia. Por ejemplo, la carta de despedida que escribió Amadeo de Saboya cuando renunció a la corona de España. Han transcurrido 153 años. Era el 11 de febrero de 1873. Los animo a buscarla.

Este fragmento es desgarrador: “Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos largos años ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados, tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la Nación son españoles, todos invocan el dulce nombre de la Patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cual es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males.

Lo he buscado ávidamente dentro de la ley, y no lo he hallado. Fuera de la ley, no ha de buscarlo quien ha prometido observarla”. Delenda est tyrannia.

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