La última decisión
26 de marzo 2026 - 03:10
Estamos viviendo un momento tecnológico fascinante, comparable en su escala a la revolución de la máquina de vapor o a la irrupción de internet. La inteligencia artificial (IA) ha entrado con fuerza en nuestras vidas y, por supuesto, también en la agricultura. Se la celebra por su eficacia técnica y se la teme por una narrativa, casi de ciencia ficción, que vaticina la posible sustitución de capacidades humanas que creíamos insustituibles.
La semana pasada me acerqué a esta cuestión desde dos orillas. El martes, en un acto en ASEMPAL sobre digitalización agroalimentaria en Almería, defendí que los sensores, gemelos digitales y algoritmos, contribuyen de forma decisiva a la eficiencia y sostenibilidad de nuestro modelo productivo. Días después, el viernes, tuve la suerte de asistir a la presentación del libro “Inteligencia Artificial: ¿Más listos o más tontos?”, de nuestro querido Ramón González. Dos miradas distintas para un aprendizaje complementario.
Esta tecnología poderosa no debe ser idolatrada, pero tampoco demonizada. Puede ofrecer respuestas útiles, pero carece de conciencia, no equivale a comprender en sentido humano. Conjeturar explicaciones y causas en situaciones abiertas, en un contexto, basándonos en la experiencia, interpretación y juicio, sigue siendo territorio humano. A este salto los filósofos lo llaman abducción, donde de momento, los humanos somos mejores. Un ejemplo lo tenemos en la agricultura, allí las decisiones no dependen de un dato, si no de saber leer el cultivo, clima, suelo, agua, estado fenológico y la experiencia acumulada. Agricultores y técnicos trabajan con esa información y con un conocimiento previo aterrizado a una parcela y momento concreto.
La cuestión de fondo no es si las máquinas nos controlarán, sino que ciertas personas, las que manejan los hilos de estos sistemas, podrían con esta tecnología controlar a otras. Por eso la IA sólo tiene sentido si refuerza nuestra soberanía y capacidad de actuar. La agricultura necesita todas estas herramientas para afrontar retos crecientes y apoyar la toma de decisiones humanas complejas mejor informadas. Sí que nos hará la vida más fácil. La IA reforzará nuestra capacidad de comprender y actuar, en un sector tan intensivo en conocimiento, tan expuesto a la incertidumbre y tan dependiente del buen criterio. La última decisión, también en esto, debe seguir siendo humana.
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