El negocio de la salud
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Hasta que la vida, con una crueldad silenciosa, te obliga a regresar.
El hospital es uno de ellos, treinta años después volví a caminar por un pasillo blanco, impecable y helado, bastó cruzar sus puertas para descubrir que el tiempo no había pasado.
Las paredes seguían oliendo a desinfectante, las luces fluorescentes continuaban encendidas con la misma indiferencia y el sonido rítmico de los monitores volvió a convertirse en incertidumbre.
Pero no era el mismo hombre que estuvo ahí décadas atrás, aquella vez acompañaba a mi madre, también fueron noches interminables de vigilia, de médicos entrando y saliendo sin respuestas definitivas, de esperar un milagro que nunca llegó.
Al final, ella murió.
Creí que había enterrado ese dolor con los años, pero descubrí que el duelo nunca abandona del todo ciertos lugares, solo espera, agazapado, a que uno vuelva para aparecer como un fantasma.
Esta vez era otro ser querido quien ocupaba la cama del hospital, durante tres noches permanecí sentado junto a él, aprendí........
