La política exterior también se decide con emociones
Estudié relaciones internacionales.
Y siempre nos enseñaron a pensar la política exterior como el terreno de la razón fría, intereses nacionales, equilibrios de poder, disuasión, estrategia.
En los libros de texto y en los estudios de caso, los Estados actúan como si fueran calculadoras: miden costos, proyectan beneficios y eligen el curso de acción óptimo.
Pero la historia real —la que cobra guerras, crisis y errores monumentales— nos cuenta otra cosa, la política internacional, así como la política interna, está atravesada por emociones.
Hace algunos años, a fines del 2018, leí el libro The Strange Order of Things, del neurocientífico Antonio Damasio, habían pasado las elecciones, iniciaba un nuevo gobierno y ahí encontré una clave poderosa para entender por qué tantas decisiones internacionales fracasan.
Su tesis central es tan simple como incómoda, los sentimientos no son el enemigo de la razón; son su fundamento biológico, antes de pensar, sentimos.
Antes de calcular,........
