La Purga de los Incorruptibles: los lamentos de los tontos útiles
Él, que había pasado tres décadas defendiendo las sagradas escrituras de la doctrina panista —el bien común, la ética empresarial, la democracia fundacional—, se encontraba ahora en la banqueta, devorado por la maquinaria que ayudó a aceitar.
Su tragedia, sin embargo, no era un fenómeno aislado de la derecha; a unas cuantas calles de distancia, en un café de tintes revolucionarios, el camarada Fausto masticaba su propia amargura marxista tras haber sido expulsado del movimiento de izquierda que vio nacer.
Ambos compartían la misma condición patológica:
Eran los puros, los incorruptibles, los santos laicos de la política que acababan de descubrir que solo habían sido la carne de cañón de una camarilla pragmática.
La narrativa del dolor de Ataulfo era una sinfonía de mamadas doctrinales.
En su cuenta de Facebook publicaba manifiestos solemnes........
