La Paradoja Civilizatoria
El intento de clausurar el debate sobre la corrupción apelando a una supuesta "bondad idílica" original del ser humano resulta metodológicamente insostenible.
Un examen riguroso de la historia de las instituciones occidentales y orientales revela que la construcción del Estado no partió de la base de una fraternidad espontánea, sino del reconocimiento explícito de nuestra capacidad para el conflicto y el acaparamiento.
Desde las leyes del Código de Hammurabi y el legalismo riguroso de Han Feizi en la antigua China, hasta las formulaciones contractualistas de Thomas Hobbes, la arquitectura de la civilización se erige precisamente como un dique de contención contra los impulsos endogámicos, la territorialidad y la competencia por recursos que compartimos con nuestro pasado evolutivo.
Reconocer la existencia de esta inercia biológica no implica, de ninguna manera, validar la narrativa contemporánea que pretende normalizar la corrupción de las élites políticas.
Existe una frontera categórica entre el realismo antropológico y la falacia de la elusión de responsabilidad.
El realismo nos recuerda que los individuos, al ser situados en posiciones de poder discrecional y asimetría de información, tienden racionalmente a maximizar su propio beneficio y el de su endogrupo (filiación de parentesco).
Sin embargo, la razón de ser del diseño institucional —el "exoesqueleto artificial"— es operar como un mecanismo contranatural.
El Estado no es un organismo biológico sujeto a........
