Hasta Göring tuvo abogado
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Habían ganado.
Ahora tenían que decidir qué hacer con los malos.
Y vaya malos.
Hitler estaba muerto, pero muchos de los hombres que habían diseñado, administrado y ejecutado la maquinaria nazi seguían vivos.
Podían fusilarlos.
De hecho, casi todos querían hacerlo.
Era rápido, barato y, después de todo lo que había pasado, difícilmente alguien iba a defenderlos.
Pero eligieron el otro camino:
Darles un juicio.
El 20 de noviembre de 1945 comenzó en Núremberg, Alemania, uno de los procesos judiciales más importantes de la historia.
En el banquillo estaban personajes como Hermann Göring, mano derecha de Hitler; Joachim von Ribbentrop, ministro de Relaciones Exteriores; Wilhelm Keitel, uno de sus principales mandos militares; y Albert Speer, ministro de Armamento.
No estaban acusados precisamente de estacionarse en doble fila.
Formaron parte de un régimen responsable de una guerra que dejó decenas de millones de muertos y del asesinato sistemático de seis millones de judíos.
La tentación de simplemente eliminarlos era enorme.
Winston Churchill era más de la idea de fusilar a los principales criminales nazis.
Pero terminó ganando otra idea:
Hay que juzgarlos.
Hoy se escucha “lógico”.
En 1945, con Europa destruida, millones de muertos y los campos de........
