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Catón y las perlas de todos los días

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Encontré una conexión real con la pluma: sentarme a observar, a poner atención y tratar de decir, con palabras, lo que pasa a mi alrededor. 

Y como suele pasar cuando uno empieza a tomarse en serio un hobbie, llegó la búsqueda de referentes; de personas que te ayuden a entender cómo se escribe bien y por qué vale la pena hacerlo.

En ese camino entendí algo importante: hay escritores que salen a cazar grandes historias. 

Y hay otros que lo ven más sencillo: que una buena historia puede salir de cualquier lado, si sabes observar. 

Fue entonces cuando me topé con una noticia que todavía me sorprende: el más grande de todos estaba a unos kilómetros de mi escritorio.

Ahí entra Armando Fuentes Aguirre, Catón. 

No como figura lejana ni de bronce, sino como un cronista que pone atención, que se detiene en lo pequeño y desde ahí saca algo que vale la pena pensar. 

Para mí, Catón no es solo un referente literario: es una escuela viva de escritura, la prueba de que no hace falta gritar para decir cosas profundas, ni ponerse formal para sonar inteligente.

La picardía

Catón entendió algo que a muchos escritores les toma años cachar: la picardía no es irse a lo fácil, es afinar el tiro.

Sus textos no van a humillar ni a señalar con el........

© Detona