Una novia rara II
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Hubo de pasar un mes para que la viejita decidiera llamar nuevamente por el celular al viejito.
Ya en un ambiente de serenidad, confianza e intercambio amistoso mutuo y de común acuerdo, aceptaron una salida a comer a conocido restaurante de mariscos, en una tarde invernal, lluviosa, eneblinada y fría (craso error), que al cabo y qué, ya no había nada que ocultar, ni quien amenazara, regañara, correteara o persiguiera a los susodichos.
En un desplante de desfachatez, se platicaron sus experiencias, placeres, contenido onírico y satisfacciones del mes anterior, sugiriendo ambos de que solamente la compañía mutua era suficiente y que ya no estaban en edad para semejantes actividades y menos de andar........
