Ya ni se molestan con las formas
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No por ingenuo ni por primerizo.
Llevo décadas viendo a políticos mexicanos sostener lo insostenible, maquillar lo indefendible, disfrazar de principio lo que es puro cálculo.
Uno cree que ya conoce el fondo del pozo.
Y entonces aparecen, en la misma semana, dos episodios que no son más de lo mismo: son un peldaño más abajo.
Andy López Beltrán se queda sin visa gringa y en veinticuatro horas ya tiene lista la carta a Trump.
Acusa a Marco Rubio y a Christopher Landau, “el quita visa”, así se hace llamar el subsecretario, como si fuera apodo de rudo de lucha libre, de actuar “como jefes de pandillas”.
Habla de motivos “al estilo hitleriano”.
Se victimiza con el vocabulario exacto que su padre usó durante seis años, mañanera tras mañanera, para acusar a Washington de intervencionismo y de meter las narices donde no le llaman.
Lo usa sin el más mínimo rubor, sin que se le mueva un pelo por la contradicción, porque en este teatro la coherencia ya no es requisito de entrada. Lo que se necesita no es tener razón. Se necesita el ultraje, fresco y a tiempo, rumbo al fuero que busca en 2027. El agraviado de hoy se blinda con el mismo discurso que su papá usó para blindarse ayer, y a nadie en su tribuna le importa el mareo.Por cierto, para el momento de escribir estas líneas ya apareció otro hermano del antes mencionado, posando fuera de una tienda en los EEUU en actitud infantil provocadora, invitando a que le cancelen su visa por aquellas tierras.
Del otro lado, Landau no se queda callado, faltaba más.
Le regala al hijo de AMLO justo al villano que necesitaba:
El funcionario que presume en corto su apodo de verdugo migratorio, jugando el juego de la provocación como si no supiera, o como si le encantara saber, que........
