Enanos en el pleito de gigantes
Cargando reproductor...
Mientras estamos esperando que Rocha Moya agarre valor, el orden internacional de las últimas décadas se derrumbó sin una declaración solemne de guerra, sino con la pérdida gradual de la vergüenza.
Durante casi un siglo nos acostumbramos a que el despojo exigiera al menos cierta coreografía diplomática:
Tratados redactados con cuidado, organismos multilaterales fungiendo de árbitros y un lenguaje técnico que disimulaba la asimetría del poder bajo el barniz de la cooperación.
El acuerdo tácito consistía en que la fuerza bruta quedaba proscrita de la vitrina pública, reservada apenas como último recurso inconfesable o administrada mediante la asfixia silenciosa del crédito y la deuda .
Ese decoro acaba de quedar enterrado.
Cuando la potencia que redactó las reglas decide que ya no tiene tiempo que perder en intermediarios ni disfraces, la geopolítica deja de parecerse a un tribunal para volver a operar como un patio de cobro.
Lo que se avecina no es una anomalía pasajera, sino el regreso abierto al reparto de los recursos estratégicos, inaugurado con un descaro que desmantela las ficciones jurídicas de la posguerra y redefine el tablero continental ante nuestros propios ojos.
Los EEUU en boca de su presidencia lo anuncia , como quien no tiene nada que esconder porque ya no necesita esconderlo:
Venezuela, ese "buen amigo y vecino", firmó para que Estados Unidos administre su petróleo.
Sesenta y cinco mil millones de barriles, el control mayoritario, cincuenta y cinco por ciento de la producción efectiva de la nueva empresa, todo "sin costo alguno para el contribuyente estadounidense".
Siete meses antes, tropas norteamericanas habían sacado a Maduro de Caracas en........
