Círculos, espirales y ninguna brújula
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La democracia en sí está entrampada en una práctica agotada ante los problemas, no es privativa de un país o cultura.
Se cumple más o menos con los mismos rituales exigidos por la mecánica electoral y el desgaste por las expectativas creadas por el péndulo entre ofertas, todas contrastantes y formuladas a partir de los pobres resultados de las administraciones en funciones y su repetición cuando los nuevos ganadores ocupan las posiciones ganadas.
Los políticos de casi todo el mundo se mueven en los mismos círculos.
A veces aparecen como espirales, que es el mismo círculo con maquillaje, porque da la impresión de que avanzan.
No avanzan.
Dan vueltas alrededor de los mismos pleitos, la misma guerra sucia de siempre, los mismos cargos y las mismas promesas, mientras afuera la sociedad cambia de piel y conciencia cada año.
La frustración por la falta de resultados tangibles en el corto plazo alimenta el péndulo electoral, empujando a los votantes hacia nuevas narrativas.
El electorado, buscando soluciones inmediatas a problemas complejos y de largo aliento, se convierte en presa fácil de discursos que, si bien coinciden con los apremios de minorías o mayorías descontentas, a menudo ofrecen soluciones simplistas o chivos expiatorios.
"Los líderes demagogos explotan esta vulnerabilidad, no buscando la construcción a largo plazo, sino la captura emocional y la movilización de masas mediante promesas irrealizables, polarización y retórica divisiva" ( como se citó en SciELO México, 2016; Sunstein, 2009).
México no es un clásico ejemplo pero parafraseando a Cuauthemoc Cárdenas:
“… no logro ver en que consiste la transformación que tanto se proclama..”.
Si, la llamada 4ª transformación construyó un aparato partidista competitivo sobre las mismas bases que antes se mencionaron, sin embargo su ariete principal, los programas........
