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Explosión de La Coubre: ¿benefició a Washington o a Moscú?

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07.03.2026

PUERTO PADRE,Cuba. _ Justo pasados cinco minutos de las tres de la tarde de este miércoles 4 de febrero, se cumplieron 66 años de un siniestro todavía envuelto en el misterio: la explosión de La Coubre.

Un reloj abordo, detenido por la explosión a las 15:05 horas del viernes 4 de febrero de 1960 y este no es un detalle menor marcó la hora en que explotó el barco mercante francés anclado en el puerto de La Habana.La detonación, ocurrida mientras obreros portuarios reunidos apresuradamente porque el barco llegó con 48 horas de atraso, y este es otro detalle a observar descargaban poco más de 75 toneladas de explosivos, empacados en 1 492 cajas que contenían granadas, antitanques y antipersonales, y un millón de municiones trazadoras calibre 7,62 mm y otros proyectiles para fusiles FAL.

Era esa la segunda carga militar transportada por La Coubre a Cuba, procedente de la Fábrica Nacional de Armas de Guerra de Bélgica. El primer alijo de armas en esa embarcación se había producido cinco meses antes, en octubre de 1959, cuando de la misma procedencia transportó 2000 fusiles con seis cargadores por arma y 6 502 000 proyectiles. Con el segundo envío, valorado en $ 476 mil 368,00 dólares, completaba la dotación de municiones para los fusiles automáticos livianos (FAL), calibre 7,62 mm, con capacidad para disparar granadas también.El siniestro que ahora cumplió 66 años, provocó la muerte o la desaparición de 92 personas, militares y civiles cubanos, entre ellos seis tripulantes de La Coubre, por lo que de inmediato, además de por la parte cubana, el suceso fue investigado por autoridades francesas que viajaron a La Habana, sin que, salvo por hipótesis circunstanciales, sin progreso de evidencias, el experto francés autenticara la ocurrencia de un suceso criminal. La investigación por la parte cubana, sí afirmó y afirma todavía hoy que se trata de un sabotaje del “imperialismo yanqui” para impedir que “la revolución se armara”.

Pero esa versión del régimen, retórica, sin confirmación por peritajes de averías, daños o estragos por incendios o explosiones, ni por ninguna otra acción de investigaciones criminales, forma parte de un conjunto de presunciones, de raíz política, difundidas por el régimen con apologías para enardecimiento de las masas. En el entierro de los fallecidos Fidel Castro acuñaría el lema “¡Patria o Muerte, Venceremos!”.

A priori, la comprobación y examen de un delito para su calificación penal, se basa en pruebas documentales, periciales, testificales o técnicas-operativas de investigación criminal. Y sin sustancia por comprobación preliminar, no se sostiene una calificación de sabotaje. Y en el caso de la explosión de La Coubre, aunque presunto el crimen, no existen pruebas que permitan calificar el delito de sabotaje, no imputable a una persona, una organización o un Estado.

Cabe preguntar entonces para un plan de versiones no comprobadas hasta el día de hoy: ¿Qué produjeron las explosiones en La Coubre… un sabotaje, un accidente, o, acaso esas explosiones fueron el resultado de una operación de bandera falsa, ideada, planificada y ejecutada por un servicio de inteligencia?

Son preguntas sin respuesta porque nadie, de forma objetiva, responsable, puede imputar a una persona, un grupo de personas, una organización, o un Estado, un delito de sabotaje, o un delito de estragos intencional o por imprudencia, entiéndase un accidente.

Y, si hubiera sido un sabotaje preparado fuera de Cuba, activando explosivos por mecanismos de relojería según la época, estos hubieran detonado por lo menos 48 horas antes, cuando La Coubre todavía estaba en alta mar, porque el mercante francés debió arribar al puerto de La Habana el 2 de marzo, pero el mal tiempo demoró la travesía, que incluía un atraque en el puerto de Miami, Florida, para el 5 de marzo.

Nos queda entonces por recordar una operación de bandera falsa. Comprendida la operación de bandera falsa como la medida activa de un órgano de inteligencia, para ocultar, enmascarar, o “legitimar” el verdadero propósito de una acción encubierta, que se desea hacer pública de forma potable, ya fuere por interés personal de un caudillo, o conveniencias políticas, militares, geopolíticas, o de cualquier otro proyecto, intención o ambición clandestina.

Digamos entonces, que ante la nula existencia de pruebas materiales para aproximarnos a una situación de bandera falsa creíble, habrá, y no hay otro modo que yo conozca que explorarse primero que todo, el panorama histórico cubano en el momento que ocurrieron los hechos sospechosos, y, siendo así, por ejemplo, preguntémonos:

¿Qué ocurrió el sábado 13 de febrero de 1960, a sólo 18 días antes de la explosión de La Coubre en el puerto de La Habana?

Pues, ocurrió una ¿casualidad histórica?, sorprendente. Y ocurrió precisamente cuando la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), comenzó a establecerse en Cuba como potencia militar a 90 millas frente a Estados Unidos, pero, cuando todavía, Fidel Castro no había encontrado el modo, o la oportunidad de mostrarse ante el mundo como comunista tal cual Stalin.

El sábado 13 de febrero de 1960, atracó en el puerto de Amberes, Bélgica, el barco mercante francés La Coubre, allí cargó 783 toneladas de diversas mercancías destinadas a empresas comerciales de varios países, entre ellos Cuba. El envío a Cuba, entre otros productos de uso civil, incluía 1 492 cajas con explosivos de uso militar que estaba valorado en $ 476 mil 368 dólares. Y no olvide esta cifra, $ 476 mil 368 dólares.

Y resulta que aquel mismo día, el sábado 13 de febrero de 1960, mientras en el puerto de Amberes La Coubre cargaba granadas y municiones por menos de medio millón de dólares, en La Habana, Anastas Mikoyan, primer viceministro de la URS y Fidel Castro, primer ministro de Cuba, firmaban un Pacto de Intercambio Comercial entre la URSS y Cuba, que contenía anexo, un pacto secreto por el cual los soviéticos se comprometían a facilitar armas, municiones, equipos de combate y técnicos a Cuba por cientos de millones de dólares, con pagos suaves, a cargo de las exportaciones cubanas, como efectivamente sucedió.

Poco después de la explosión de La Coubre, en el segundo semestre de 1960, comenzaron a llegar a Cuba los primeros envíos de armas soviéticas; consistían desde armas ligeras para la infantería, hasta artillería, morteros, tanques medianos T34 y cañones autopropulsados SAU 100. Y ya para 1961 y hasta 1964, la URSS trajo a Cuba aviones caza MIG, del tipo 15 y 19, bombarderos IL-28, helicópteros MI-4, transportes terrestres y aéreos para las tropas, así como para la marina de guerra lanchas torpederas y buques caza submarinos, armamento valorado en la época en una cifra superior a los 198 millones de dólares, armas que, unas, muchas, fueron regaladas, y otras, amortizadas suavemente con cargo al Pacto de Intercambio Comercial Mikoyan-Castro de 13 de febrero de 1960.Y se dirá el lector, “entonces, para Estados Unidos, sabotear La Coubre sería como matar moscas a cañonazos”, razonamiento que impone una pregunta: ¿Por qué el “imperialismo yanqui” sabotearía un cargamento de armas valorado en menos de medio millón de dólares el 4 de marzo de 1960, cuando sabía que antes de terminar ese año a Cuba llegaría no un barco, sino muchos cargueros transportando cientos de toneladas de armamento soviético valorado en millones de dólares…? ¿Quién tendría más interés en sabotear La Coubre, Washington o Moscú?

Mejor que lo dicho por mí en la soledad de mi gruta, hay una respuesta para esas interrogantes en los “papeles de Caldevilla”, compilados por el periodista Pablo Alfonso en el libro El espía de Franco en La Habana, donde afirma: “La explosión de La Coubre pudo ser un lamentable accidente, ocurrir por un mal manejo del material explosivo, o un sabotaje. Pero si a alguien benefició ese centenar de muertos y heridos no fue precisamente a Estados Unidos, sino a la Unión Soviética, y como ya sabemos… Moscú no cree en lágrimas”.


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