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Mucho más que un cambio de nombre

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13.03.2026

Durante décadas, las personas con discapacidad han recibido los nombres más diversos: Minusválidos, inválidos, incapacitados, especiales o diferentes. Un verdadero catálogo de etiquetas que han funcionado como sellos, definiendo la totalidad de un ser humano a partir de un solo rasgo.  Cuando aparece la expresión "persona en situación de discapacidad", muchos la reciben con escepticismo, piensan que se trata de otro ejercicio, de esos que cambian las palabras para que todo siga igual.

Esta vez la cosa es distinta. La diferencia resulta sustancial y merece análisis. Lo fundamental está en el orden: La persona va primero, y aunque parece una obviedad, durante años la condición ha antecedido al individuo. Decir "discapacitado" equivale a definir a alguien por una única característica. Sería como identificar a una persona solamente por su oficio, su lugar de nacimiento o cualquier otro rasgo particular. Quien habla encuentra comodidad en la simplificación, quien escucha queda reducido a una sola dimensión.

Consulte además: Vida plena para las personas en situación de discapacidad

Esta práctica aparece con frecuencia. Frases como "el niño down", "la ciega", "el sordito", "el que anda en silla" se repiten con naturalidad. Detrás de cada una de esas expresiones existe una persona que excede con creces esa condición.

Conviene aclarar algo esencial: La discapacidad no se lleva puesta como una prenda de vestir, no es algo fijo que acompaña al individuo a dondequiera que vaya. La discapacidad ocurre en determinados momentos y circunstancias.

Imaginemos a una persona que utiliza silla de ruedas. En su hogar, donde el espacio ha sido adaptado, se desenvuelve con total autonomía. Al salir a la calle se encuentra con aceras rotas, bordillos imposibles y escaleras sin rampa. Justo ahí, en ese momento, surge la discapacidad. Minutos antes, en su casa, no existía. ¿El problema es la persona? No. El individuo es el mismo que se movía sin dificultad en su entorno doméstico. El problema está en la acera, el bordillo, la falta de rampa. La dificultad es social, no individual.

Consulte además: Inclusión e identidad en Lengua de Señas Cubana

Este principio se replica en múltiples escenarios. Una persona sorda no encuentra obstáculos cuando dispone de un intérprete o cuando sus interlocutores se toman la molestia de mirarla........

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