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Breve historia de una frustración

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18.02.2026

“Los cubanos todos confiaban en que tendrían siempre en el gobierno americano eficaz apoyo en sus sueños de libertad…”. Así expresaba el general del Ejército Libertador En­rique Collazo en la obra Los Americanos en Cuba, al argumentar la tristeza y el desengaño que la intervención imperial de 1898 había representado para el pueblo cubano.

Treinta años de lucha sin cuartel contra el colonialismo es­pañol, habían despertado las esperanzas en la “ayuda sincera” de una “democracia”, idealizada y magnificada por la prensa de la época, como sistema socioeconómico y político de referencia. En la psicología popular, predominaba la imagen de Estados Unidos como una nación que abolió la esclavitud, donde existían instituciones “democráticamente” electas, “libertad de prensa” y una economía floreciente. Quizá tal embrujo llevó inicialmente a nuestros libertadores del 68, a manifestarse con respeto y admiración sobre el vecino del norte y sus instituciones.

El 10 de abril de 1869, en la Asamblea de Guáimaro, los constituyentes cubanos aprobaron unánimemente la propuesta de anexión planteada por los camagüeyanos. Se buscaba entonces la ayuda norteamericana a cualquier precio. El 7 de febrero de 1870, al percatarse de la indolencia y el desprecio norteamericano a la causa de la independencia, Cés­pedes escribiría en un Manifiesto al Pueblo Cubano:

“…Al lanzarse Cuba a la arena de la lucha, al romper con brazo denodado la túnica de la monarquía que aprisionaba sus miembros, pensó únicamente en Dios, en los hombres libres de todos los pueblos y en sus propias fuerzas. Jamás pensó que el extranjero le enviase soldados ni buques de guerra para conquistar su nacionalidad…”.

“…Al lanzarse Cuba a la arena de la lucha, al romper con brazo denodado la túnica de la monarquía que aprisionaba sus miembros, pensó únicamente en Dios, en los hombres libres de todos los pueblos y en sus propias fuerzas. Jamás pensó que el extranjero le enviase soldados ni buques de guerra para conquistar su nacionalidad…”.

Con mayor claridad, a fines de julio de 1870 escribió a José Manuel Mestre en Nueva York: “…Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez esté equivocado, pero en mi concepto su gobierno a........

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